Los criterios de tu comunidad vinculados a cada sesión, rúbricas que se entienden de un vistazo y un registro que se rellena de pie, mientras la clase se mueve. La nota del trimestre sale sola, con una evidencia y una fecha detrás de cada número.
Evaluar en Educación Física tiene un problema que no tienen las materias de aula: no hay examen que corregir en casa. La evidencia se produce en movimiento, dura unos segundos y no deja rastro salvo que alguien la anote en ese momento. Por eso la evaluación en EF se juega en el minuto de la sesión, no en la semana de las notas.
Con la LOMLOE, además, lo que se califica ya no son los contenidos sino los criterios de evaluación, redactados en el currículo de cada comunidad y concretados por curso. La cadena es siempre la misma: competencia específica → criterio de evaluación → situación de aprendizaje → evidencia. Si esa cadena está montada, el boletín es una consecuencia. Si no, la nota se acaba construyendo con lo que uno recuerda del trimestre, que es exactamente lo que no se puede defender ante una familia.
Todo lo que sigue está escrito para trabajar sobre el currículo que te aplica, no para sustituirlo: el reparto por cursos, los porcentajes admitidos y el formato del boletín los concretan tu comunidad autónoma y el proyecto educativo de tu centro.
Casi todos los líos de la evaluación en EF vienen de calificar en el nivel equivocado de esta cadena: por deportes, por unidades o por sesiones, en lugar de por criterios.
Las cinco de Educación Física. No se evalúan directamente: se evalúan a través de sus criterios, y de ahí sale el nivel de desempeño que se informa a las familias.
Lo único que se califica de verdad. Están redactados en el currículo de tu comunidad y concretados por curso: son la unidad mínima con la que trabajar.
Dónde se ponen en juego esos criterios. Cada situación se lleva unos pocos, no todos: repartirlos es la decisión que sostiene el resto del curso.
El día concreto en el que observas. Una evidencia es un dato recogido en el pabellón —una observación, una tarea, un registro—, no un recuerdo de final de trimestre.
El instrumento lo elige el criterio, no la costumbre. Un criterio que habla de decidir en situación de juego no se observa con una lista de control, y uno que habla de traer el material no necesita una rúbrica de cinco niveles.
Lo más usado en EF y lo más frágil si no se anota en el momento. Funciona con una rúbrica corta por criterio y con pocos alumnos por sesión: cinco o seis bien observados valen más que veinticinco de memoria.
Sí o no, sin grados. Sirve para lo que es binario —trae el material, respeta el turno, ejecuta el gesto de seguridad— y deja de servir en cuanto quieres matizar el nivel de logro.
Cuatro o cinco niveles descritos por conducta observable. Es lo que permite justificar una nota ante una familia: no dices «un cuatro», dices qué hace un alumno que está en ese nivel.
La lesión, el avance repentino, el conflicto. No puntúa por sí solo, pero es lo que da contexto a la nota tres meses después, cuando nadie se acuerda del día.
Con la misma rúbrica que usa el docente. Es lo que convierte la rúbrica en material de clase en lugar de en un papel del profesor.
Con baremos y comparándose consigo mismo, no con la tabla. La condición física es un dato más de la evaluación, nunca la evaluación entera.
Ninguno tiene que ver con no conocer el currículo. Son problemas de trazabilidad: la nota existe, pero no se puede explicar de dónde sale.
La evaluación no es una pantalla aparte: está dentro de la sesión que estás dando, que es el único momento en el que la evidencia existe.
Cada sesión llega con los criterios oficiales que le tocan, sacados del currículo de tu comunidad autónoma y repartidos por situación de aprendizaje. No hay que copiarlos ni buscarlos: se abre la sesión y están.
Cinco niveles descritos por conducta observable. Puedes reescribir los tuyos cuando quieras y volver al original en un clic; el criterio oficial no se toca nunca, porque es normativo.
La lista del grupo con los botones del 1 al 5 —o del 1 al 10—, guardado automático y un descriptor a la vista para decidir el nivel sin pensarlo dos veces.
Asistencia, actitud, comportamiento, esfuerzo, trabajo en equipo, habilidades motoras y respeto de normas, cada uno con su rúbrica. Y una nota escrita por alumno y sesión para lo que no cabe en un número.
Criterios curriculares, pruebas y observación diaria, con el porcentaje que tú pongas. Por defecto la nota sale solo de los criterios: la asistencia no puntúa, y la observación entra únicamente si le das peso.
Media por criterio, por competencia específica y por situación de aprendizaje, con el recuento de evidencias de cada alumno y el informe del periodo para descargar.
Crea tu grupo, genera la programación del curso y cada sesión llegará con sus criterios vinculados y su rúbrica. Evalúas con el móvil en la mano, de pie, y el informe del trimestre se calcula solo.
Las guías largas están en el blog de evaluación, y los planes en precios.
La evaluación se apoya en lo que hay antes: el reparto de criterios de la programación y las sesiones donde se recoge la evidencia.
Evaluar por criterios sin morir en el intento, rúbricas listas para copiar, la evaluación del trimestre y el cierre de curso.
Ver las guíasDe dónde salen los criterios que luego evalúas: el reparto por situaciones y la temporalización del curso.
Ver programacionesLa sesión es donde se recoge la evidencia. Aquí están las sesiones completas y el constructor para montar las tuyas.
Ver sesionesTests, registro de marcas y evolución del alumnado, para los criterios que hablan de capacidades físicas.
Ver pruebas físicasLas tareas con las que se provoca la evidencia: por objetivo, material y espacio.
Ver el bancoCómo se defiende el sistema de evaluación de una programación ante un tribunal.
Ver la guíaLos criterios de evaluación del curso, que son los que aparecen en el currículo de tu comunidad autónoma asociados a cada competencia específica. Las competencias no se califican directamente: se infiere el nivel de desempeño a partir de los criterios que las desarrollan. Los saberes básicos son el contenido con el que se trabaja, no la unidad de calificación. Y ni la asistencia ni el comportamiento son criterios de evaluación, aunque se registren por otras razones.
Cada observación de un criterio se registra en una escala (1–5 o 1–10, la que uses en tu centro). La calificación de un alumno en un criterio es la media de sus observaciones en ese criterio; la del periodo, la combinación de los criterios observados según los porcentajes que hayas fijado. Lo importante es que cada número tenga detrás una evidencia con fecha: eso es lo que se enseña si alguien reclama. En Entrénalo ese cálculo está hecho y se ve por criterio, por competencia y por situación de aprendizaje.
Puedes registrarlos y usarlos para el seguimiento y la tutoría, y también darles un porcentaje de la nota si tu centro lo tiene acordado, pero conviene separarlos de los criterios curriculares en el registro. Si van mezclados, no puedes explicar de dónde sale la nota. En Entrénalo el registro diario —actitud, comportamiento, esfuerzo, trabajo en equipo, habilidades motoras y respeto de normas— vive aparte y solo entra en la nota final si le asignas peso; la asistencia no puntúa nunca.
Pocos: dos o tres, y no a todo el grupo a la vez. Con veinticinco alumnos, dos sesiones semanales y el material que hay que montar y recoger, intentar observar diez criterios el mismo día acaba en una nota puesta de memoria. Es preferible repartir los criterios por situaciones de aprendizaje y observar a una parte del grupo cada día, dejando constancia de a quién sí se observó.
Una lista de control dice si algo se cumple o no; una rúbrica describe grados de logro. La rúbrica útil tiene cuatro o cinco niveles redactados como conducta observable —qué hace el alumno que está en cada nivel—, no como juicio ni con adjetivos de valor. Si dos niveles se pueden confundir al leerlos con la clase en marcha, la rúbrica está mal escrita y no la vas a usar.
Registrando en el momento y en un solo sitio. Un cuaderno del profesor de EF sirve si permite anotar de pie, con el móvil, mientras la clase sigue: la lista del grupo, un botón por nivel y la constancia de qué criterio se estaba observando. Todo lo que exija sentarse después a pasar datos se acaba dejando para la semana de las notas, que es cuando la evaluación deja de ser evaluación.
No debería costarte los registros anteriores. En Entrénalo cada observación se guarda normalizada, así que pasar de 1–5 a 1–10 (o al revés) reescala lo ya puesto en lugar de invalidarlo. Lo que sí conviene es no cambiar de criterios a mitad de periodo: eso sí deja huecos sin observar.
La lógica es la misma en las dos etapas: criterios de evaluación, evidencias y porcentajes. Lo que cambia es el currículo concreto de cada comunidad y de cada curso. Entrénalo trae cargados los criterios oficiales de Primaria por comunidad autónoma; en Secundaria puedes usar el registro diario, las rúbricas propias y las pruebas físicas mientras el currículo de tu etapa se incorpora.