Programación didáctica, unidad didáctica, supuesto práctico y temario: qué se valora en cada pieza y en qué orden atacarlas.
Preparar una oposición de Educación Física se parece poco a estudiar una asignatura. Lo que se pone a prueba no es cuánto recuerdas de desarrollo motor o de didáctica, sino si sabes convertir ese conocimiento en decisiones para un grupo concreto: este alumnado, estas instalaciones, este material y estas horas de clase. El tribunal lee un documento y escucha una exposición, y en los dos busca coherencia entre lo que quieres conseguir, lo que propones y cómo comprobarás si ha ocurrido.
El proceso combina una prueba de conocimientos, donde aparecen el supuesto práctico y el desarrollo de un tema, con la presentación y defensa de una programación didáctica y la exposición de una unidad extraída de ella. El orden de las pruebas, su carácter eliminatorio, el peso de cada parte, la extensión del documento y los plazos los fija cada convocatoria y cambian entre comunidades autónomas: hay que leerlo en la convocatoria propia.
Lo que sí se puede preparar desde hoy es el contenido: una programación bien construida, unidades que se sostengan una por una y un temario convertido en guiones utilizables.
Se valoran con criterios distintos, pero se alimentan: la programación sostiene la unidad, y el supuesto se escribe mejor si has programado antes.
El documento que preparas, entregas y luego defiendes.
Una unidad de tu programación, que se extrae y se expone.
Un caso de aula que resuelves con decisiones concretas.
El conocimiento de la especialidad, desarrollado por escrito.
Es un documento propio en el que planificas un curso completo de la materia para un contexto determinado. No es un resumen del currículo ni una lista de actividades: es la explicación razonada de por qué ese curso se organiza así. La diferencia entre una que funciona y una que no suele estar en si el contexto condiciona las decisiones o solo aparece en la primera página.
Lo que se valora es la coherencia interna: competencias específicas conectadas con criterios de evaluación concretos, criterios que se trabajan en unidades identificables, saberes básicos que aparecen en tareas y no en listados, y situaciones de aprendizaje con contexto, reto y producto. Pesa también que puedas explicar cualquier decisión sin buscarla en el índice.
El índice exacto lo detalla cada convocatoria, así que confírmalo en la de tu comunidad. Este es el esqueleto habitual:
Centro, instalaciones, material, grupos y alumnado.
Competencias específicas, criterios y saberes básicos del curso.
Tipos de tarea, agrupamientos y situaciones de aprendizaje.
Unidades por trimestre, con sus sesiones y su progresión.
Instrumentos, momentos y criterios de calificación.
Adaptaciones concretas de tarea, espacio y agrupamiento.
Valores, salud, materiales y actividades complementarias.
Cómo revisas si la programación funciona.
De la secuencia de unidades de tu programación se extrae una y se expone ante el tribunal. El procedimiento concreto —si hay sorteo, cuántas unidades entran, de cuánto tiempo dispones— depende de la convocatoria, pero la consecuencia es siempre la misma: todas tus unidades tienen que poder defenderse. No sirve tener dos muy trabajadas y el resto de relleno.
En la exposición se valora la concreción: qué se hace en cada sesión, con qué material y con qué organización del grupo; una progresión que se entiende sin explicaciones; y cómo se evalúa, con qué instrumento y cuándo. Cuentan también las adaptaciones reales de tarea y la seguridad.
Un buen atajo es construir cada unidad alrededor de una situación de aprendizaje con producto final —un reto motor, una coreografía, una competición organizada por el alumnado—, porque eso ordena las sesiones por sí solo.
El supuesto plantea una situación de aula —un grupo, un nivel, unas condiciones de espacio y material— y pide una respuesta. No busca una solución única, sino ver cómo piensas: qué datos usas, qué decides, con qué lo justificas y si lo que propones se puede hacer mañana en un pabellón real.
Merece la pena tener un esquema propio y aplicarlo siempre: analizar el contexto y la pregunta, encuadrar la respuesta en el marco curricular, proponer tareas con su organización y sus tiempos, explicar cómo observas y evalúas, y cerrar con imprevistos, seguridad y adaptaciones. En algunas convocatorias la parte práctica incluye además una demostración de contenidos de la especialidad.
El temario recorre el conocimiento de la materia: bases del currículo y didáctica de la Educación Física, desarrollo motor, habilidades motrices, condición física y salud, juego y deporte, expresión corporal, actividad física en el medio natural, evaluación y atención a la diversidad. El listado oficial es el de tu convocatoria: trabaja sobre ese documento.
Temario y programación se refuerzan: los temas de didáctica o evaluación salen mejor si ya has tomado esas decisiones en tu documento, y los ejemplos pueden venir de tus unidades. Prepararlos por separado es duplicar trabajo.
El orden importa: los atascos vienen de empezar por la introducción y dejar la evaluación y el reparto de criterios para el final.
Unas instalaciones, un material, un horario y un alumnado concretos: con un contexto genérico, lo que venga después queda en el aire.
Competencias específicas, criterios de evaluación y saberes básicos, fuera del documento, para repartirlos.
Una fila por unidad y, en columnas, criterios, saberes, trimestre y sesiones: ahí se ve si algún criterio queda sin evaluar.
Qué evidencias recoges en cada unidad y cómo se convierten en calificación. Dejarla para el final obliga a encajarla a la fuerza.
Una unidad entera, sesión a sesión, con su situación de aprendizaje y su evaluación. Cuando funcione, replícala.
Extensión, formato, anexos y entrega los fija cada convocatoria: confírmalos antes de maquetar.
Un guion, no un texto para leer. Practica entrada, recorrido y cierre, y prepara preguntas sobre tus decisiones.
La parte más lenta no es el marco curricular: es bajar cada unidad a sesiones concretas, con sus tareas, sus tiempos y su material. Con el constructor de sesiones ordenas cada unidad sesión a sesión y llegas a la defensa con el documento concretado.
Para las tareas tienes el banco de juegos, las categorías de juegos y ejemplos de sesiones de EF. Los planes, en precios.
Materiales de apoyo para cada fase. Se ampliará con guías de programación, unidad didáctica y supuesto práctico.
Guías del blog sobre la preparación de cada prueba.
Ver artículosCompetencias, criterios y situaciones de aprendizaje.
Ver artículosOrdena unidades, criterios y temporalización del curso.
Ver programacionesSesiones completas como referencia para tus unidades.
Ver sesionesMaterial por bloques: calentamiento, condición física, deportes.
Ver recursosTests y registro, si valoras la condición física.
Ver pruebas físicasO recorre el blog completo.
Por la programación, porque arrastra a todo lo demás: al programar decides contexto, unidades, metodología y evaluación, y esas decisiones reaparecen en los temas y en el supuesto. El temario conviene abrirlo en paralelo, con guiones propios y sin memorizar desde el primer día. Y antes de nada, lee la convocatoria de tu comunidad.
La programación es el plan de un curso completo para un contexto concreto: marco curricular, secuencia de unidades, metodología y evaluación. La unidad es una pieza de esa secuencia, desarrollada sesión a sesión. Se presenta la programación y después se expone una unidad extraída de ella, así que ambas tienen que encajar. El error habitual es una unidad brillante que la programación no sostiene.
De uno que domines, porque vas a defenderlo ante preguntas: pesa más conocerlo que elegir el que parece más vistoso. Un curso con instalaciones limitadas puede dar una programación excelente si el contexto está bien aprovechado. Comprueba el margen que deja la convocatoria de tu comunidad: algunas fijan la etapa.
El número sale del reparto horario real del curso: cuenta las sesiones disponibles por trimestre y reparte, en lugar de buscar una cifra ideal. Lo que se valora es que todas tengan un nivel de concreción parecido y que cubran entre ellas los criterios de evaluación. Ten en cuenta el calendario escolar: una temporalización que no cabe se detecta enseguida.
Con un esquema de resolución propio: acotar el contexto, identificar qué se pregunta, decidir con argumentos, concretar la propuesta y cerrar con evaluación e imprevistos. No se trata de acertar una respuesta única, sino de que la solución sea aplicable con ese material y ese alumnado. Practica con tiempo limitado y en el formato de la convocatoria, e incluye siempre organización del grupo y seguridad.
Convierte cada tema en un guion con entrada, tres o cuatro bloques y un cierre, y memoriza la estructura antes que el texto. Cuelga de cada bloque un ejemplo de aula propio y una referencia que sepas explicar. Escribe los temas completos al menos una vez en las condiciones de la prueba, siempre sobre el listado oficial de tu convocatoria.
Sí, y suele ser una ventaja: lo que ya has dado tiene tiempos realistas y soluciones de organización que se sostienen. El trabajo consiste en reordenarlo en un marco curricular coherente y vincularlo a los criterios de evaluación del curso elegido. Cuidado con arrastrar la programación del centro tal cual: está escrita para otro propósito y con otro nivel de detalle.