Canasta de dedos
Descripción
Se juegan dos partidos simultáneos, uno en cada media pista, aprovechando las dos canastas que ya hay en cualquier pabellón: en una mitad seis contra seis (6 + 6 = 12) y en la otra seis contra siete (6 + 7 = 13), es decir 12 + 13 = 25. No hace falta red. El balón blando circula como en un juego de invasión, pero con dos restricciones que lo convierten en voleibol: no se bota nunca y quien lo recibe puede sujetarlo un máximo de tres segundos y dar tres pasos, y todo pase entre compañeros se hace con toque de dedos, con antebrazos o con lanzamiento a dos manos desde la frente. El tiro a canasta solo vale si se hace con toque de dedos o con antebrazos: dos puntos si el balón entra, uno si toca el aro o el tablero. Antes de tirar, el balón tiene que haber pasado por tres alumnos distintos del equipo. Si el balón toca el suelo, la posesión cambia sin más. No hay contacto: el defensor corta trayectorias con las manos, nunca toca al que tiene el balón, y ningún defensor puede entrar en la zona de tres metros que rodea la canasta. Lo que se aprende aquí no es un gesto nuevo, sino el mismo toque de dedos con un objetivo que los alumnos ya entienden, y con un adversario delante que no se puede quitar de en medio empujando.
Objetivo
Aplicar el toque de dedos y el de antebrazos como único medio de progresión y de finalización en un juego de invasión con oposición real.
Qué se trabaja
Seguridad3
Ningún defensor entra en la zona de tres metros que rodea la canasta: es donde el atacante mira hacia arriba para tirar y donde, si hay alguien saltando a taparle, se produce el choque bajo el aro. La zona se marca con conos planos antes de empezar y se arbitra desde el primer minuto.
El juego es sin contacto en toda la pista, no solo en el tiro: quien toca al portador del balón cede la posesión, y quien lo hace dos veces se sienta un minuto. Con doce o trece alumnos persiguiendo un balón que no se puede botar, esa es la única regla que separa los cuerpos.
El balón no se disputa en el suelo: cuando toca el suelo, el punto muere y la posesión cambia, de modo que nadie se lanza ni se agacha entre piernas a por él.