Descripción
Cuatro campos con tres contra tres en cada uno y un alumno en el centro que lleva el reloj: 4 x 6 + 1 = 25. Cada campo mide 8 por 8 m y se colocan en fila a lo largo de la pista con dos metros de pasillo entre ellos y un metro libre en cada extremo. La cuenta se hace sumando huecos: 8 x 4 + 2 x 3 + 1 x 2 = 40 m, justo el largo de la pista. El encargado del reloj se coloca en el centro y canta en voz alta un ciclo continuo, «uno, dos, tres… quince», y vuelve a empezar sin parar nunca. Como su voz tiene que llegar a cuarenta metros, la cuenta no viaja solo en la voz: levanta los dos brazos al pasar por el diez y da un golpe de pandereta en el quince, que es el único instante que de verdad hay que percibir. Cada posesión tiene que terminar en lanzamiento a meta antes del quince; si no, el balón pasa al otro equipo. Como el reloj no se reinicia con cada robo, hay posesiones que empiezan con la cuenta en once y solo tienen cuatro segundos: eso no es un error de la organización, es el contenido de la ficha. Se anota pasando el balón de aire a un compañero del propio equipo que tenga los dos pies detrás de la línea de fondo contraria; solo puede haber un compañero detrás de esa línea a la vez, y quien anota vuelve al campo inmediatamente. El arbitraje es de los propios jugadores: cada uno canta sus faltas, sus pasos y sus dobles, y cantarlas no cuesta la posesión, solo repite la jugada con la cuenta que marque el reloj en ese momento. Cuando hay desacuerdo y nadie cede, se repite igual. El encargado del reloj rota cada tres minutos con un jugador de un campo distinto cada vez.
Objetivo
Que el tiempo de posesión se convierta en un criterio de decisión y no en una norma abstracta, y que el partido se arbitre entre iguales sin que ninguna discusión detenga el juego más de unos segundos.
Qué se trabaja
Seguridad3
El pase de aire al compañero del fondo se hace por encima de la cintura y nunca a menos de tres metros: es la distancia que separa la línea de fondo del último jugador y evita el balonazo a bocajarro al receptor, que está quieto y de frente.
Ningún campo invade el de al lado. Los dos metros entre campos son lo que impide que un jugador que sale corriendo hacia el fondo se cruce con otro que viene lanzado del campo vecino.
Si dos jugadores tocan el balón a la vez, los dos se sueltan y la posesión se repite con la cuenta del momento. Con el reloj corriendo, forcejear es la peor decisión posible, y esa es exactamente la lección.