Aguadores del gimnasio
Descripción
Se marcan cinco carriles de diez metros separados un metro y medio, cada uno con cinco obstáculos bajos: tres picas tumbadas en el suelo que hay que pisar por encima y dos aros por cuyo interior hay que pasar apoyando un pie. Cada alumno recibe un vaso de plástico rígido lleno de arena hasta media altura y lo transporta sobre la palma de la mano abierta, con el brazo separado del cuerpo. Los dedos no se cierran nunca sobre el vaso: esa es la regla que sostiene el juego entero. Los cinco alumnos de un carril viajan a la vez en el mismo sentido, separados dos metros, y regresan por fuera del carril, de manera que nadie espera nada. Cada recorrido completo sin derrame se anota dejando un garbanzo en el bote de boca ancha que hay al final del carril, por fuera del trazo, y cada uno lleva su propia cuenta. Cuando el juego funciona con el vaso a media altura, se sube el nivel de llenado, no la velocidad ni la altura de los obstáculos. Es un montaje barato, cabe en un gimnasio y trabaja al mismo tiempo el equilibrio del objeto sobre la mano y el del alumno sobre el obstáculo.
Objetivo
Coordinar el equilibrio de un objeto sostenido sin agarre con el propio equilibrio en un desplazamiento con obstáculos, controlando la velocidad como variable principal.
Qué se trabaja
Seguridad3
Nadie empuja, sopla ni toca al compañero para que se le derrame, ni de broma; el juego se detiene la primera vez que ocurra y se reanuda después de recordarlo.
Las picas van tumbadas en el suelo, se pasan por encima sin pisarlas y nunca se apoyan sobre un cono ni sobre un aro: una pica que rueda bajo el pie tira al alumno hacia atrás.
La arena derramada se barre entre recorrido y recorrido con el recogedor de cada carril: con cinco carriles y veinte minutos el suelo del gimnasio se vuelve resbaladizo, y esa es la caída real de este juego.