Dos avisos y ninguna mano
Descripción
Cada puesto tiene una carta plastificada boca abajo con un estiramiento dibujado y, debajo, tres puntos de control escritos: por ejemplo, para la cara posterior del muslo en zancada, «la espalda va larga, no encorvada», «la cadera mira al frente» y «el pie de delante apunta hacia arriba». El que ejecuta no la ve nunca. Su pareja la lee, la vuelve a dejar boca abajo y le dice una sola frase de partida: «estiramiento de la cara posterior del muslo derecho, de pie». A partir de ahí el que ejecuta busca la posición él solo. El observador tiene exactamente dos avisos hablados por puesto y ninguna otra herramienta: no puede tocar, no puede colocarle el pie, no puede enseñar la carta. Cuando los tres puntos se cumplen, el observador da el puesto por sellado y marca la casilla; si se acaban los dos avisos y falta algún punto, el puesto queda a medias y se anota cuál falló, que es la información que de verdad interesa. La posición se mantiene después veinte segundos por lado, ya con la carta a la vista de los dos. A la señal se cambia de papel dentro de la pareja y a la siguiente se rota de puesto. Con doce puestos y doce grupos nadie espera: todos están o estirando o mirando. Al final, la clase pone en común cuál fue el punto de control que más veces se quedó sin cumplir en toda la pista.
Objetivo
Aprender a leer una postura de estiramiento por sus puntos críticos y a corregirla con la palabra justa, sin manipular al compañero, ejerciendo por turnos el papel de quien ejecuta y el de quien observa.
Qué se trabaja
Seguridad3
El circuito va después del calentamiento y de al menos ocho minutos de actividad. En una sesión que empiece aquí, se anteponen cinco minutos de marcha y movilidad: no se sostiene ninguna posición con el cuerpo frío.
Ninguna carta lleva flexión forzada de la columna hacia delante, arqueo lumbar ni posición mantenida de cuello, y ninguna se hace con el compañero empujando. Si una carta no se puede ejecutar sin que alguien apriete desde fuera, se retira del circuito.
Se llega hasta notar tensión y ahí se para: no hay puntos por llegar más lejos, ni se sella antes el puesto de quien baja más. Con doce puestos a la vez y dos metros de separación, cada uno estira dentro de su cuadro y nadie extiende un brazo o una pierna dentro del cuadro del vecino. Ningún aviso puede pedir llegar más lejos: se sostiene donde se nota tensión y nunca donde aparece dolor.