El acta del partido
Descripción
En un partido escolar de hockey se discute más de lo que se juega, y esa discusión ocurre siempre en caliente y en medio de la pista, que es el peor sitio y el peor momento. Esta vuelta a la calma la traslada al final, sentados y con el pulso ya bajado. El grupo se reparte en dos círculos, uno de doce y otro de trece: 12 + 13 = 25, separados diez metros, con los sticks tumbados por detrás de cada alumno y ningún móvil en juego. La ficha empieza con un minuto de lectura: en el centro de cada círculo se colocan cuatro tarjetas dibujadas con las cuatro faltas del hockey escolar —pala por encima de la cintura, entrar a disputar un móvil que otro controla, tocar la bola con el pie y frenar a un rival con el cuerpo—, se leen en alto y se dice cómo se reanuda cada una. Esas cuatro tarjetas son material de esta ficha y no dependen de lo que se haya jugado antes: así funciona igual después de un partido con arbitraje entre iguales que después de un juego en el que nadie las haya nombrado. Después, por turnos, una pareja de cada círculo se pone de pie en el centro y reconstruye en estático una acción que haya ocurrido en la sesión: se colocan como estaban, sin correr, sin móvil y sin sticks en la mano, y muestran con la mano dónde estaba la pala. El círculo tiene que identificar dos cosas: si fue falta y de cuál de las cuatro, y cómo se habría reanudado. Se responde a mano alzada y sin nombrar a nadie: se describe la acción, nunca quién la hizo. Al terminar, cada círculo escribe tres líneas en el acta: una acción que quedó clara, una que quedó dudosa y una regla que se propone probar la próxima sesión. Las dos actas se leen en alto y se guardan. Ese papel es lo que hace que la ficha no sea una charla: la próxima sesión empieza leyendo lo que se acordó en esta.
Objetivo
Identificar y nombrar las infracciones del juego a partir de acciones reales, acordar cómo se reanudan y cerrar la sesión con un acuerdo escrito, con el grupo sentado y en calma.
Qué se trabaja
Seguridad3
En esta ficha hay una sola situación de riesgo y es contraintuitiva: enseñar una pala alta levantando un stick de verdad delante de un círculo de compañeros sentados, con las caras a la altura del recorrido. Por eso la altura de la pala se muestra siempre con la mano y los sticks se quedan tumbados detrás de cada alumno, fuera del alcance inmediato.
Las reconstrucciones son en estático y sin móvil. Repetir una jugada a velocidad para demostrar que no fue falta es lo que convierte una conversación en otro partido, esta vez sin calentamiento previo y con el grupo sentado alrededor.
Los sticks tumbados se colocan por detrás de cada alumno y en paralelo al círculo, nunca apuntando hacia el centro ni cruzados en el paso, y los dos círculos se separan diez metros para que nadie ande entre medias. Veinticinco alumnos se levantan a la vez al terminar y ese es el momento en el que se pisa un mango o se coge el stick de otro; se recoge el propio, de uno en uno y sin que la pala suba por encima de la cintura.