El balón que respira
Descripción
Después de un partido de balonmano la respiración vuelve sola, pero vuelve alta y corta, y con veinticinco adolescentes tumbados es el momento de enseñar a bajarla. Se colocan boca arriba, en cinco filas de cinco, con dos metros entre unos y otros, las rodillas dobladas y los pies apoyados. Quien tiene pelota se la apoya en el abdomen, justo debajo del ombligo; quien no la tiene se apoya las dos manos en el mismo sitio. La consigna es una sola cosa observable: que lo que suba sea la pelota o las manos, no el pecho. Se hacen tres bloques. En el primero se inspira en cuatro tiempos y se espira en cuatro; en el segundo, cuatro y seis; en el tercero, cuatro y ocho. Los tiempos los marca el maestro con la voz, cada bloque más bajo, y en el tercero solo con una palmada muy suave al principio de cada inspiración. A los dos minutos se cambian las pelotas de sitio para que las tengan los otros. Se termina abriendo los ojos, girando de lado y sentándose despacio.
Objetivo
Bajar la frecuencia respiratoria tras el esfuerzo alargando la espiración, con una referencia visible que indica si la respiración es abdominal o torácica.
Qué se trabaja
Seguridad3
Nada pesado se apoya sobre el abdomen ni sobre el pecho: solo una pelota de espuma o las propias manos. Un balón medicinal en esa posición dificulta justo lo que se quiere facilitar.
Si alguien se marea, nota hormigueo en las manos o en la cara, deja de contar y respira a su ritmo; se avisa antes de empezar y no después. Alargar mucho la espiración produce eso con más frecuencia de lo que se cree.
Se sale de la posición girando de lado y apoyándose, nunca incorporándose de golpe desde tumbado con el pulso todavía bajando.