El cofre que no toca el suelo
Descripción
En una zona de 30 × 20 m se marcan cinco bases de 3 × 3 m, una por equipo, repartidas por el perímetro y separadas al menos diez metros entre sí. La clase se divide en cinco equipos de cinco (5 × 5 = 25) y cada equipo empieza con su cofre —una caja rígida con dos asas y ocho saquitos de tela dentro, unos cuatro kilos en total— en el centro de su base. La regla que sostiene el juego es una sola: el cofre está cerrado mientras dos compañeros del equipo lo sujetan en alto, uno en cada asa, con los brazos casi estirados por delante del cuerpo y a la altura del pecho. En cuanto queda uno solo, o ninguno, el cofre se apoya en el suelo y está abierto: cualquier alumno de otro equipo puede entrar en la base y llevarse un saquito, uno por viaje, hasta su propio cofre. Sostener cuatro kilos entre dos con los brazos por delante cansa en menos de un minuto, así que los sujetadores tienen que relevarse, y cada relevo son dos personas que no están robando. Ese es el juego entero: un equipo que manda a los cinco a robar vuelve y encuentra su base vacía, y uno que deja a cuatro sujetando no roba nada. Se juegan tres rondas de cuatro minutos con noventa segundos de marcha y agua entre ellas, y al final de cada ronda se cuentan los saquitos que hay en cada cofre. Nadie toca nunca un cofre que está en alto: los saquitos solo se cogen del que está apoyado en el suelo, y por eso aquí no hay ni un forcejeo.
Objetivo
Sostener una carga ligera con los brazos por delante durante el mayor tiempo posible y alternar ese esfuerzo con carrera continua, repartiendo entre los cinco quién sujeta y quién roba.
Qué se trabaja
Seguridad3
El cofre pesa unos cuatro kilos y lo sujetan dos personas, dos kilos por alumno, siempre por delante del cuerpo y nunca por encima de los hombros: lo que cansa aquí es la palanca del brazo estirado, no el peso, y por eso la carga puede ser tan ligera. No se sube el cofre a la cabeza, no se transporta por la zona y no se levanta nunca por una sola asa.
Soltar es libre y no tiene consecuencia. Nadie sostiene hasta el temblor ni se anima a nadie a hacerlo: cuando los brazos ceden, el cofre baja al suelo, el equipo pierde la defensa un rato y ya está. El maestro corta cualquier «aguanta un poco más» del propio equipo.
Un cofre en alto no se toca, y esa regla es lo que impide que el juego degenere en un tirón entre dos alumnos alrededor de una caja rígida. Se recuerda antes de cada ronda, y al que la incumple no se le sanciona con nada físico: se detiene el juego diez segundos y se repite la regla.