Descripción
Desplazamiento por el espacio gobernado por tres colores: con el verde se trota, con el amarillo se anda muy despacio y con el rojo se para de pie sin moverse. El semáforo nunca salta del verde al rojo, siempre pasa por el amarillo, así que se frena en dos tiempos y no en seco.
Objetivo
Ajustar la velocidad a una señal que se ve y se oye a la vez, y aprender a frenar en dos tiempos en lugar de clavarse en el sitio.
Instrucciones
Variantes
Más difícil — Semáforo al revés: Los colores cambian de significado: el rojo manda trotar y el verde manda parar, y el amarillo sigue siendo el paso intermedio. Cuesta mucho más de lo que parece y, como el orden de los colores no cambia, se sigue frenando en dos tiempos. Otra organización — La carretera: Se monta un circuito ancho con los conos colocados por fuera del carril y todos circulan en el mismo sentido, como en una carretera. Desaparecen los cruces y aparece el adelantar por fuera sin tocar a nadie. Más fácil — Solo verde y rojo: Dos colores, el cartel enseñado y cantado a la vez, y en verde se anda deprisa en lugar de trotar. Aquí se puede quitar el amarillo sin riesgo precisamente porque no se llega a correr: el rojo se resuelve en un paso.
Consejos para el Profesor
El orden de los colores no es un adorno: es lo que evita veinticinco frenazos simultáneos en un suelo de pista. Si un grupo va muy lanzado en verde, no lo corrijas con un rojo sorpresa; alarga el amarillo. El rojo largo del final es la mejor transición que tiene el juego: con el grupo quieto y respirando ya puedes explicar la tarea siguiente sin gritar. Y si el patio está pintado, aprovecha las líneas para delimitar y te ahorras los conos.
Adaptaciones NEE
Movilidad reducida: los tres colores valen igual para una silla o para un desplazamiento más lento —verde es avanzar a su ritmo sostenido, amarillo muy despacio y rojo quieto— y el docente reserva un carril exterior por el que no se trota para que nadie le corte el paso. Visual: cada color lleva además un sonido propio y constante (pandereta seguida en verde, un golpe suelto en amarillo, silencio en rojo) y se juega emparejado con un compañero que le lleva por el codo; el borde de la zona se marca con cinta de carrocero, nunca con una cuerda, porque rueda bajo el pie. Auditiva: manda el cartel de color, que se enseña siempre en alto y desde el mismo sitio, con un gesto del brazo que lo acompaña —arriba verde, horizontal amarillo, abajo rojo—, de modo que el juego se sigue entero sin oír nada. Cognitiva: versión de dos colores, con los carteles a la vista todo el rato, y no se introduce el semáforo al revés hasta que los tres colores salgan solos.