Descripción
Boca arriba con la tabla abrazada contra el pecho, cruzan el ancho del vaso batiendo, saliendo de uno en uno por carril.
Objetivo
Sostener la posición dorsal en movimiento y, sobre todo, saber ponerse de pie desde ella sin agobiarse.
Cómo se juega6
Colocación
Vaso poco profundo, con el alumno más bajo haciendo pie y los hombros fuera en todo el recorrido: 55-60 cm en Infantil, 70-80 cm en 1.º y 2.º de Primaria, 85-95 cm en 3.º y 4.º y hasta 1,05 m en 5.º y 6.º. Se cruza a lo ancho, unos seis metros, en cuatro carriles de unos tres metros marcados con churros o con las propias corcheras, con seis o siete alumnos en la pared de salida de cada carril, de pie y con la mano en el borde. Sale uno por carril, y el siguiente no sale hasta que el de delante ha llegado a la pared de enfrente y se ha puesto de pie: un tumbado por carril y cuatro en todo el vaso. El tope se cuenta en cabezas tumbadas, no en segundos. Los que esperan no esperan quietos: agarrados al borde, baten en el sitio y repiten la salida a la posición de pie. La vuelta se hace andando por el lado derecho del propio carril. El docente entra al agua y se coloca en el centro del recorrido, de cara a la pared de salida, contando las cuatro cabezas tumbadas.
Arranque
Lo primero que se aprende no es flotar, es levantarse. Desde boca arriba: barbilla al pecho, rodillas al pecho, los brazos empujando el agua hacia abajo y de pie. Se practica dos veces cada uno en la pared, con los pies tocando el suelo, antes de que salga nadie. Después la tabla se abraza contra el pecho con las dos manos, se estira la nuca, las orejas dentro, la mirada al techo, y se empuja suave del borde.
Qué se puede hacer
Se avanza con batido desde la cadera, con la rodilla casi estirada y las puntas hacia abajo; en un vaso de poco fondo se bate más plano, y si se rozan las baldosas es que la cadera se ha caído. La tabla no se suelta y no se mete debajo del culo, que hunde las piernas y saca la cabeza. Se respira todo el rato, soltando un poco de aire por la nariz. Se puede parar cuando se quiera: se bajan los pies, se está de pie y se sigue después. Cada uno va por el centro de su carril y nadie adelanta; la vuelta se hace andando por el lado derecho del carril y mirando por dónde se anda.
Qué pasa cuando alguien se hunde o se agobia
Se pone de pie, que es justo lo que se ha ensayado, y no ha pasado nada. Si le entra agua por la nariz, se para, se pone de pie, sopla y descansa haciendo una travesía andando. Si son las caderas las que se hunden, el docente o el compañero que vuelve andando le pone la mano abierta debajo, avisando antes y sin levantarle, cinco segundos, para que note dónde va la cadera.
Cómo se complica
La tabla se sujeta con una sola mano y el otro brazo va estirado a lo largo del cuerpo. Después la tabla se lleva estirada por encima de la cabeza con los dos brazos. Y por último se cruza sin tabla, con los brazos pegados al cuerpo, en el mismo sitio, la misma profundidad y la misma regla de ponerse de pie cuando se quiera.
Reinicio
Si el recorrido se llena y se tocan unos a otros, se para levantando la mano, todos de pie, y se vuelve a la cuenta de cabezas: uno tumbado por carril y el siguiente no sale hasta que el de delante está de pie en la pared de enfrente. Si el grupo se enfría esperando, se acorta el recorrido a la mitad y se les da tarea en la pared, batiendo agarrados al borde: primero se corta la distancia, y nunca se junta a más gente tumbada a la vez en el mismo carril.
Variantes3
sin tabla y con los brazos estirados por encima de la cabeza, el mismo recorrido y la misma profundidad, con la misma regla de ponerse de pie cuando se quiera y el mismo tope de un tumbado por carril.
por parejas y sin recorrido
Uno flota de espaldas con la tabla y el otro le sostiene la cabeza con las manos andando hacia atrás muy despacio; se cambia cada travesía. Todas las parejas en línea y en el mismo sentido.
sin desplazarse
Tumbado boca arriba con la tabla en el pecho y una mano en el borde, solo el batido, y se suelta el borde tres segundos cuando quiera.
Consejos para el profesor6
El miedo al dorsal no es al agua: es a no ver dónde va y a no saber levantarse.
Por eso el paso 2 es el juego entero, y si le dedicas dos minutos te ahorras la mitad de los sustos de la sesión.
El error que verás en veinte de los veinticinco es la tabla debajo del culo; el segundo, la barbilla al pecho mirándose los pies, que hunde las caderas, y «mira al techo» lo arregla casi solo.
No des las salidas por reloj: seis metros de dorsal con tabla a estas edades son treinta o cuarenta segundos, así que una salida cada diez segundos te deja cuatro tumbados por carril sin que te enteres.
Cuenta cabezas tumbadas: si en tu carril hay dos, es que has dado la salida demasiado pronto.
Y no cantes tiempos ni distancias, que en cuanto se convierte en carrera se acabó la posición.
Adaptaciones NEE3
Movilidad reducida
El recorrido se hace con el docente sosteniéndole la cabeza y las caderas, o con dos churros, uno bajo las axilas y otro bajo las rodillas, y sin distancia fija: se avanza lo que dé el tiempo. Esos apoyos son ayudas de aprendizaje y no salvavidas, y por eso todo esto se hace donde hace pie. No se ata nada al cuerpo ni a ninguna silla.
Visual
La referencia es el carril marcado con churros que se tocan con las manos a los lados, y un compañero que anda a su altura por fuera del carril avisándole de la pared que llega; la vuelta se hace pegado a la corchera, tocándola. Boca arriba, ninguna marca del fondo sirve.
Auditiva
Boca arriba y con las orejas dentro no oye nada: la salida se da con la mano del compañero a la vista y el aviso de la pared es un toque en el hombro pactado antes. El silbato no sirve para nadie que esté tumbado con las orejas dentro y no se usa como única señal. Cognitiva o de conducta: media travesía, siempre el mismo carril y el mismo compañero, y se anuncia cuántas travesías hay; si el paso de estar de pie a tumbarse le cuesta, se queda las tandas que haga falta en la variante fácil, con la mano en el borde. Quien no sabe nadar todavía o tiene miedo al agua: aquí el suelo está a un palmo y esa es toda la clave, y hay que decírselo tal cual: la tabla no es lo que le sostiene, porque si se lo cree, el día que se le escape se asustará el doble. Empieza en el borde con la mano puesta, ensaya diez veces la salida a la posición de pie hasta que le sale sola, y cruza medio carril con el docente andando a su lado y la mano bajo su nuca. No se le manda mirar desde el borde, no se le pone a repartir tablas y no se le lleva a la parte honda porque lleve tabla.