La planta que ve
Descripción
Se preparan seis carriles de doce metros y en cada uno se pegan al suelo cuatro superficies bien distintas: un tramo de cartón corrugado, un felpudo de goma, un trozo de moqueta o hierba artificial y una zona de suelo desnudo delimitada con dos tiras de cinta pegadas al suelo. El alumno recorre el carril con los ojos cerrados —cerrados, no vendados— y su pareja camina por fuera a un brazo de distancia nombrando la superficie que llega. Al final, antes de abrir los ojos, tiene que decir en voz alta el orden de las cuatro. Después cambian de papel. El juego trabaja dos cosas a la vez: el equilibrio sin la información visual, que es la vía que más usamos y la más fácil de quitar, y la lectura de lo que llega por la planta del pie, que es la que compensa cuando la vista falla. Se camina siempre, nunca se corre ni se salta, porque con los ojos cerrados un salto no tiene recepción posible. Con doce grupos repartidos en seis carriles, dos por carril viajando en el mismo sentido con seis metros de separación, la clase entera está recorriendo o guiando durante toda la sesión.
Objetivo
Mantener el equilibrio dinámico sin información visual y reconocer por la planta del pie las características del apoyo, entendiendo que la vista no es la única vía que sostiene el equilibrio.
Qué se trabaja
Seguridad3
El guía no toca al que va con los ojos cerrados salvo para sujetarlo, y lo sujeta por el antebrazo con la mano abierta, nunca tirando ni empujando: a nadie que no ve se le mueve de sitio.
Las superficies se pegan al suelo con cinta por los cuatro lados. Un cartón que se desliza bajo el pie de alguien que no ve es la caída más fácil y más previsible de este juego.
El carril está libre de material suelto en toda su longitud y en metro y medio a cada lado, que es la separación con la que se montan: ni aros tumbados, ni picas, ni conos. Las cuatro superficies y sus límites van pegados al suelo con cinta, porque cualquier borde de plástico que ruede bajo el pie de quien no ve acaba en caída hacia atrás.