Semáforo de palas bajas
Descripción
Cada alumno conduce una bola blanda de espuma por toda la pista: veinticinco alumnos en 800 m² son 32 m² por cabeza, que es la densidad que hace posible conducir sin frenazos. El maestro alterna tres órdenes que no siguen ningún orden fijo: «verde», conducción a trote suave con la bola cerca de la pala; «ámbar», conducción caminando y mirando al frente, no a la bola; «rojo», parar la bola y dejarla inmóvil bajo la pala, con los dos pies quietos. La orden roja se mantiene tres segundos, tiempo suficiente para que el maestro compruebe quién ha frenado la bola y quién la ha pisado o la ha dejado escapar. Cada tres o cuatro cambios se añade una consigna espacial: la parada tiene que hacerse dentro de un aro, o tocando una línea de la pista, o dando la espalda a la pared. Si el grupo pasa de veinticinco, la pista se divide en dos mitades con conos y cada mitad recibe las mismas órdenes, lo que además obliga a respetar una frontera. Una bola que sale del campo la recupera su dueño andando y entra por donde salió.
Objetivo
Controlar el móvil en arranques y paradas manteniendo la pala pegada al suelo y la mirada fuera de la bola.
Qué se trabaja
Seguridad3
La pala no sube de la cintura tampoco cuando la bola se escapa. Es el momento de riesgo de esta tarea: el alumno persigue su bola sin mirar y entra en el espacio de otro con el stick en alto. Por eso la bola escapada se persigue andando.
Con la clase entera conduciendo a la vez se exige un radio de dos metros libres; si la pista se satura, se divide en dos mitades con conos antes de subir el ritmo.
Si dos bolas coinciden y dos alumnos van a por ellas, ninguno mete el stick: los dos paran, se identifica cada bola por su color y se sale de la zona antes de reanudar. Aquí es frecuente porque las bolas son iguales.