Balance en cinco zonas
Descripción
Al terminar el trabajo, se marcan en el suelo cinco zonas en fila, numeradas del uno al cinco. La pregunta no es cuánto ha saltado ni cuánto ha corrido nadie: es cómo se ha encontrado hoy respecto a la última vez que hizo lo mismo. Cada alumno camina despacio hasta la zona que le corresponde, se sienta y espera al resto. Cuando están todos, cada zona habla en voz baja durante un minuto entre sus miembros y elige una frase que resuma por qué están ahí; después la dice uno de cada zona en voz alta. La zona uno se lee la primera, siempre, para que quien ha tenido un mal día no hable el último ante un grupo ya animado. Termina con un desplazamiento en marcha muy lenta de la zona propia a la del centro, todos a la vez, respirando por la nariz. Nadie tiene que justificar su zona ni cambiarla si otro no está de acuerdo.
Objetivo
Cerrar la sesión con una lectura de la propia experiencia que no dependa de ninguna marca, y dar salida ordenada al alumnado al que el atletismo deja habitualmente en el último puesto.
Qué se trabaja
Seguridad3
La actividad se coloca lejos de la puerta y de la zona de paso, y con las zonas alineadas de forma que ninguna quede detrás de una canasta, de una portería ni bajo un balcón: es el momento de la sesión en que el grupo está sentado y desatento al entorno.
El suelo de las cinco zonas se comprueba antes: sin gravilla, sin charcos y sin material olvidado, porque los alumnos se sientan y se tumban en él con la ropa de clase.
Ningún alumno se queda solo en una zona sin que el maestro se acerque a ella. Una zona uno con una sola persona dentro, leída delante de veinticuatro, es exactamente lo que esta actividad tiene que evitar: si ocurre, el maestro entra en esa zona y habla desde dentro.