De cinco a uno sin parar
Descripción
Los alumnos se reparten por el gimnasio con cuatro metros cuadrados de suelo por cabeza. El maestro empieza en cinco: cinco partes del cuerpo tocando el suelo, la posición que cada uno quiera. Cada cuatro segundos canta el número siguiente hacia abajo —cuatro, tres, dos, uno— y en cada uno hay que retirar exactamente un apoyo. Lo que hace el juego es la prohibición: no se puede volver a la posición de pie entre número y número, y no puede tocar el suelo ninguna parte del cuerpo que no lo tocara ya. Solo se quita, nunca se pone. Eso obliga a mirar dos pasos por delante: si en el cuatro te apoyas en las dos rodillas y una mano, en el dos no hay salida y te caes. Al llegar a uno, el maestro cuenta hacia arriba y hay que devolver los apoyos de uno en uno, también sin resetear. El contenido no es la postura, que dura cuatro segundos y no se juzga: el contenido es la transición, el momento en que el peso viaja de un apoyo a otro. Es un calentamiento que mueve al alumno del suelo a la vertical y de vuelta doce o quince veces seguidas, no necesita nada y se monta en un minuto.
Objetivo
Activar el cuerpo entero encadenando transiciones entre configuraciones de apoyo cada vez más reducidas, aprendiendo a planificar de qué apoyo se puede prescindir sin quedarse sin salida.
Qué se trabaja
Seguridad3
Cuatro metros cuadrados por alumno, no uno: al llegar a dos y a un apoyo el cuerpo se extiende por el suelo y ocupa mucho más de lo que ocupaba de pie. Se mide con la clase tumbada antes de cantar el primer número.
Nunca se llega a la posición saltando ni dejándose caer: con uno o dos apoyos la caída se amortigua con la mano y es la muñeca la que paga.
Nadie toca ni empuja a otro para desequilibrarlo, ni de broma. Es la forma más rápida de convertir un juego sin riesgo en una torcedura de muñeca.