El pie que escucha
Descripción
La clase se coloca en un círculo amplio, con metro y medio libre a cada lado, y se comprueba con los brazos abiertos antes de cerrar los ojos por primera vez. El ciclo son seis respiraciones sobre un pie: inspirar contando cuatro y espirar contando seis. El primero de cada pie se hace con los ojos abiertos, para encontrar la posición, y solo el segundo y el tercero a ciegas. Al acabar el ciclo se apoyan los dos pies y se abren los ojos durante treinta segundos antes del siguiente. Se hacen tres ciclos con cada pierna, alternando, y se empieza siempre por el pie que peor se aguanta. Si el pie baja, se vuelve a subir sin abrir los ojos y se sigue contando desde donde se quedó: no se empieza de cero. La variante del recorrido lleva la atención en cada respiración a una zona concreta —dedos, primer metatarsiano, borde externo, talón, planta entera— y al terminar cada uno dice cuál sostenía más peso. Es una vuelta a la calma que hace dos cosas al mismo tiempo: baja las pulsaciones con una respiración larga y sostenida, y entrena la vía propioceptiva con la vista fuera de juego, que es la única forma de que un alumno de dieciséis años note lo que su pie está haciendo.
Objetivo
Bajar la activación al final de la sesión con un patrón respiratorio lento mantenido en apoyo unipodal sin información visual, dirigiendo la atención al reparto de la carga en la planta del pie.
Qué se trabaja
Seguridad3
Con la clase entera con los ojos cerrados, la separación de metro y medio no es organización, es seguridad, y se comprueba con los brazos abiertos antes del primer ciclo.
Nadie toca ni asusta a un compañero que está con los ojos cerrados, ni de broma; quien lo hace se sienta fuera del círculo el resto del juego.
Solo se hace descalzo o con calcetín si el suelo está limpio y seco; con el suelo del gimnasio recién fregado se hace con zapatilla.