El testigo que respira
Descripción
La clase se sienta en corro con un saquito que hace de testigo. Quien lo tiene levanta el brazo mientras inspira por la nariz y lo baja mientras espira por la boca, y los demás siguen ese brazo con su propia respiración; tras dos ciclos lo pasa a su derecha. Cada portador alarga un poco el ciclo.
Objetivo
Reducir la frecuencia respiratoria y cardiaca al final de la sesión con un ciclo respiratorio progresivamente más largo, y repartir el papel de guía entre los veinticinco para que la relajación no dependa de la voz del maestro.
Cómo se juega5
Quien tiene el saquito marca dos ciclos completos con el brazo y después lo pasa al compañero de su derecha; nadie lo salta ni lo devuelve.
Cada ciclo debe ser igual o más largo que el del compañero anterior, nunca más corto.
Se inspira por la nariz y se espira por la boca, y la espiración dura más que la inspiración.
No se habla durante la vuelta al corro
El único lenguaje es el brazo del que guía.
Cuando el saquito vuelve al punto de partida, la clase respira treinta segundos en silencio sin nadie marcando el ritmo.
Variantes3
La segunda vuelta se hace tumbados boca arriba con la cabeza hacia el centro del corro y una mano en el abdomen. El guía marca el ciclo con la mano levantada y se comprueba que el abdomen sube al inspirar.
Circulan dos saquitos en puntos opuestos del corro y los dos guías tienen que coincidir en la misma duración. Obliga a mirar al otro lado del corro y a ajustarse sin hablar.
El guía no mueve el brazo: marca el ciclo solo con la mirada y con su propia respiración, que el corro tiene que percibir en el movimiento del pecho del compañero de enfrente.
Qué se trabaja
Seguridad3
No se fuerza la apnea: entre la inspiración y la espiración no se retiene el aire, porque un alumno que se marea en un ciclo largo lo hace precisamente en la retención.
Cualquier alumno puede abandonar el patrón y respirar a su ritmo en cualquier momento sin pedir permiso; se avisa antes de empezar y se recuerda si alguien se agobia.
El corro no se monta sobre suelo frío y húmedo ni junto a una puerta abierta: cinco minutos sentado después del esfuerzo enfrían el cuerpo muy deprisa.
Consejos para el profesor2
Coge tú el saquito el primero y marca un ciclo de cuatro segundos, muy por debajo de lo que el grupo espera: dejar margen para crecer es lo que hace que la progresión se note al final.
Di en voz alta la duración del primer ciclo y la del último, y solo esas dos cifras. Es la única manera de que el grupo perciba lo que ha hecho, porque desde dentro el cambio es invisible.
Adaptaciones NEE4
Visual
El alumno con resto visual se sienta junto al maestro, que le marca el ciclo apoyando dos dedos en su hombro, subiendo la presión al inspirar y soltándola al espirar; además se le avisa por su nombre cuando el saquito está a dos puestos de llegarle.
Auditiva
El patrón es visual por definición, así que se le coloca frente al guía y no a su lado; el cambio de portador se marca levantando el saquito en alto antes de pasarlo, y el aviso de los treinta segundos finales se da con la mano abierta en alto.
Movilidad reducida
El alumno participa desde su silla o desde un banco integrado en el corro a la misma altura visual que el resto, con el hueco del corro ampliado a sus dos lados; si el brazo no le permite marcar el ciclo, lo marca con la cabeza o con la mano apoyada. Ningún objeto se le sujeta al cuerpo.
Cognitiva o de atención
Se le da un ciclo fijo y corto cuando le toca guiar, acordado antes con el maestro, y una tarjeta con dos flechas, una hacia arriba y otra hacia abajo, que sostiene mientras marca; así tiene delante la única información que necesita.
Errores frecuentes
- El corro se monta demasiado apretado y los alumnos se tocan las rodillas, con lo que aparecen los codazos y las risas justo cuando se busca silencio.
- Los primeros portadores marcan ciclos ya muy largos y a partir del quinto es imposible alargarlos más; conviene empezar tú con un ciclo deliberadamente corto.
- Se pasa el saquito antes de completar los dos ciclos porque da apuro ser el centro de la atención; decir de antemano que son exactamente dos ciclos y contarlos con los dedos lo resuelve.