Estatuas de sal
Descripción
Los alumnos se reparten por el gimnasio con un brazo abierto de espacio libre alrededor. El maestro nombra una postura, la hace a la vez que la nombra y cuenta hasta veinte en voz alta y cada vez más baja: el árbol, con la planta del pie apoyada en la cara interna del muslo contrario; la grulla, con la rodilla libre subida delante y las manos en la cintura; la balanza, con el tronco inclinado y la pierna libre extendida atrás; y la media sentadilla mantenida, con las dos plantas en el suelo y sin apoyo ninguno. Entre postura y postura se dan cinco pasos muy lentos sin cambiar de zona. Cada postura se hace sobre un pie distinto del anterior, de modo que las dos piernas trabajan lo mismo. La postura que se rompe se rehace en el sitio y sin comentarios: aquí no se elimina a nadie ni se puntúa nada. Es una vuelta a la calma que aprovecha bien lo que el equilibrio tiene de tranquilo: exige silencio, exige mirar a un punto fijo y exige respirar, y en cinco minutos deja al grupo en condiciones de salir del gimnasio sin gritar.
Objetivo
Bajar la activación del grupo al final de la sesión mediante posturas de equilibrio mantenidas y transiciones lentas, cerrando el trabajo del día sobre los mismos apoyos que se han usado.
Qué se trabaja
Seguridad3
Nadie empuja ni toca a una estatua para tirarla, ni de broma. Es lo primero que se le ocurre a alguien y conviene decirlo antes de empezar, no después del primer empujón.
En cuanto se cierran los ojos, la separación pasa de un brazo a metro y medio y se comprueba con los brazos abiertos: con la clase entera sin ver, la distancia es una medida de seguridad, no de organización.
Todas las posturas se hacen a ras de suelo: en la vuelta a la calma no se sube a bancos, ni a plintos, ni a sillas, ni al primer cajón de nada.