La fila del pulso
Descripción
Nada más terminar la parte principal, la clase se reparte en cinco grupos de cinco (5 × 5 = 25), cada uno con su tramo de banda. Cada alumno se cuenta las pulsaciones durante quince segundos en silencio, apunta el número en una tarjeta y la guarda boca abajo en el bolsillo o bajo su zapatilla: nadie ve el número de nadie. A partir de ahí el grupo tiene noventa segundos para colocarse en fila de menor a mayor pulsación, y solo puede hablar de sensaciones: si podrías decir una frase entera sin cortarla, si te notas el latido en el cuello, si te has recuperado ya del último bloque. Está prohibido decir el número, enseñar la tarjeta o hacer gestos que lo cifren. Cuando el grupo se da por colocado, se levantan las cinco tarjetas a la vez y se comparan: cada alumno que esté en la posición correcta vale un punto para su grupo, con cinco como máximo. Después vienen noventa segundos caminando por el perímetro con diez respiraciones lentas contadas, y se juega otra ronda con una toma nueva. Se juegan tres rondas, y lo interesante aparece en la segunda y la tercera: el orden cambia, porque no todo el mundo recupera al mismo ritmo, y el que iba el último en la primera ronda puede acabar el segundo en la tercera. Ese es el contenido de la ficha, y por eso funciona como vuelta a la calma: entre ronda y ronda solo se camina y se respira, y el propio juego hace visible que el pulso está bajando y que no baja igual en todos.
Objetivo
Bajar la frecuencia cardíaca caminando y respirando de forma pautada, y comprobar que la sensación de esfuerzo y la pulsación no siempre coinciden ni bajan al mismo ritmo en todos.
Qué se trabaja
Seguridad3
Esta ficha viene detrás de una sesión de carga alta y su función es que el pulso baje: entre ronda y ronda se camina de verdad, sin correr ni saltar, y se bebe agua en las dos pausas. Si al final de la tercera ronda alguien sigue por encima de lo que tenía al empezar la sesión, se alarga la marcha antes de mandar a nadie al vestuario.
El número de un alumno es suyo. No se canta en voz alta, no se apunta en la pizarra de la clase y no se compara entre grupos: una pulsación alta en reposo puede ser muchas cosas y ninguna de ellas es asunto de veinticuatro compañeros. La tarjeta la enseña su dueño y se la queda él.
Se toma con los dedos índice y corazón, nunca con el pulgar, y en el cuello se busca con una sola mano y sin apretar: presionar las dos carótidas a la vez o con fuerza marea. Quien no encuentre el latido en la muñeca lo busca en el cuello y, si tampoco, cuenta las respiraciones en quince segundos y ordena por eso, que también sirve.