Ocho tramos y una respiración
Descripción
En el suelo del patio hay dibujada una rosa de ocho direcciones y una bandera marca el norte. Cada alumno recibe una tarjeta con ocho tramos, del tipo «noreste, doce pasos», «este, ocho pasos», y con un punto de salida asignado. Hay cinco figuras distintas y cinco puntos de salida distintos, lo que da veinticinco tarjetas que no se repiten: nadie hace el mismo recorrido que su vecino, así que no hay a quién seguir. La figura de los ocho tramos está calculada para cerrarse: si se ha caminado bien, el octavo tramo devuelve al punto de salida, y ahí está la comprobación, sin corregir nada ni preguntar a nadie. Se camina despacio y en silencio, con la cadencia marcada al empezar: cuatro pasos entrando el aire por la nariz, seis pasos sacándolo lentamente por la boca. Nadie corre y nadie habla. Al llegar al final, quien haya vuelto a su marca se sienta ahí mismo; quien haya quedado a diez metros se sienta también y anota en el dorso de la tarjeta en qué tramo cree que se le fue el rumbo. En la puesta en común, de dos minutos, se comparte una sola cosa: quién quedó más cerca de su marca y qué hizo distinto.
Objetivo
Reducir la activación con una marcha lenta y una cadencia respiratoria sostenida, manteniendo a la vez una tarea de rumbos y distancias que se comprueba sola al cerrar la figura.
Qué se trabaja
Seguridad3
La zona de marcha se acota con conos y se recorre su límite con el grupo; nadie sale de ella aunque su tarjeta parezca llevarle fuera, y en ese caso se detiene y levanta la mano.
Todo el mundo camina a la vez en direcciones distintas y sin hablar, así que la separación mínima de dos pasos y la norma de tomar el rumbo parado y caminar con la vista al frente son de seguridad: es la única forma de no chocar de hombro cuando dos figuras se cruzan.
La superficie tiene que ser regular y estar despejada antes de empezar: se retiran picas, aros y material suelto de toda la zona, porque quien camina contando pasos y respirando lento no está mirando el suelo.