Quince segundos de pulso
Descripción
Nada más terminar el trabajo intenso, cada alumno se tumba en su sitio, boca arriba, con las piernas ligeramente flexionadas. Localiza el pulso en la muñeca o en el cuello con dos dedos, nunca con el pulgar, y cuenta las pulsaciones durante quince segundos a la voz del maestro. Anota el número. Después vienen tres minutos de respiración pautada: inspirar en cuatro tiempos por la nariz, espirar en seis por la boca, con una mano en el abdomen para notar que se mueve. Al terminar se vuelve a contar quince segundos y se anota. Lo que interesa no es ninguno de los dos números por separado, sino la diferencia: cuántas pulsaciones ha bajado uno en tres minutos. Ese dato se guarda en la ficha personal a lo largo del trimestre y es donde se ve el efecto del entrenamiento, en el descenso y no en la marca. Los números no se dicen en voz alta ni se comparan, porque la frecuencia de reposo depende de factores que el alumno no elige.
Objetivo
Bajar el pulso de forma controlada tras una sesión exigente y dar al alumnado un indicador propio del efecto del entrenamiento que no depende de lo rápido que corra ni de lo lejos que lance.
Qué se trabaja
Seguridad3
En el cuello se presiona muy suave y siempre de un solo lado. Presionar los dos lados a la vez o con fuerza puede provocar mareo, y es un error que aparece cuando alguien no encuentra el pulso y aprieta más.
La incorporación se hace en dos tiempos, primero de lado y luego sentado, con quince segundos entre ambos. Tras un trabajo intenso y tres minutos tumbado, la bajada de tensión al levantarse de golpe es real y no es infrecuente.
El metro de separación entre puestos y la disposición en rejilla con la cabeza hacia el mismo lado son lo que permite al maestro recorrer los pasillos sin pisar a nadie con veinticinco alumnos tumbados y con los ojos cerrados. No se hace la actividad en una zona de paso ni bajo canasta.