Disco-golf
Descripción
Un recorrido de golf con discos voladores. Cada hoyo es un aro en el suelo y una salida marcada con un cono; se trata de meter el disco en el aro con el menor número de lanzamientos, tirando siempre desde donde cayó el anterior. Cada uno lleva su propia cuenta.
Objetivo
Ajustar fuerza y trayectoria de un lanzamiento de disco a distancias que cambian en cada tirada, y competir contra el propio resultado.
Instrucciones
Variantes
Más difícil — Hoyos con obstáculo: Dos o tres hoyos se montan detrás de una portería, de un árbol o de un banco, de modo que hay que curvar el disco o pasar por un hueco. Se anuncia además un par por hoyo —tres o cuatro lanzamientos— y se juega contra ese número. Otra organización — Por parejas al mejor disco: La pareja lanza los dos discos, elige el que ha quedado mejor y los dos siguen desde ahí. Se juega en la mitad de tiempo, se habla en cada tirada y el que menos acierta deja de arrastrar un mal resultado toda la vuelta. Más fácil — Recorrido corto y aro grande: Hoyos de ocho a doce metros y aros grandes, o un cono grande al que basta con acertar. Se termina cada hoyo en dos o tres lanzamientos y el recorrido no se hace eterno para quien todavía no controla la dirección del disco.
Consejos para el Profesor
Con 25 alumnos salen seis grupos y hacen falta seis hoyos: si montas menos, se acumulan dos grupos en el mismo aro y se lanza con gente delante, que es el único riesgo del juego. Cada alumno lanza entre veinticinco y cuarenta veces en un cuarto de hora, que es mucho más de lo que sale en cualquier ficha de lanzamiento por turnos. Es una ficha de intensidad baja: si la sesión necesita pulso, ponla después de un juego de carrera y no al revés. Y monta el recorrido antes de que entren, porque montarlo con la clase dentro son ocho minutos perdidos.
Adaptaciones NEE
Movilidad reducida: juega el recorrido completo con las salidas adelantadas a la distancia que le permita llegar al aro en un número parecido de lanzamientos, y el desplazamiento entre hoyos se hace con el grupo, que va a su ritmo; el contenido —elegir trayectoria y ajustar la fuerza— es exactamente el mismo. Visual: el aro se señala con un compañero que da palmadas junto a él mientras lanza y que después le dice a qué distancia y en qué dirección ha caído el disco, y las salidas se marcan con conos altos que puede localizar de cerca; para orientarse en el recorrido se usan referencias fijas del patio, no marcas sueltas en el suelo. Auditiva: los turnos dentro del grupo se llevan con un orden visible acordado al empezar y el aviso de fin de hoyo es un brazo en alto; el docente da la señal general con un gesto amplio desde un punto visible. Cognitiva: recorrido corto, aro grande y tarjeta con un dibujo del recorrido para saber a qué hoyo va después; se cuentan los lanzamientos con piedras o con marcas, no de memoria.