Programación

Cómo Planificar una Sesión de Educación Física en 15 Minutos

El procedimiento para planificar una sesión de Educación Física en quince minutos: qué se decide en cada paso, cómo se construye el banco de piezas del que eliges, las nueve decisiones que tiene que contener una sesión y cinco formas de no planificar dos veces lo mismo.

18 vistasPor Administrador Admin

Es domingo por la tarde y llevas un buen rato con la primera de las cuatro sesiones de la semana. Buscas juegos, intentas que encajen con el objetivo, escribes la estructura, añades material, variantes, evaluación. El problema no es que planifiques mal: es que estás planificando cada sesión desde el folio en blanco, y eso no escala a quince o veinte sesiones semanales.

Planificar en quince minutos consiste en dejar de escribir sesiones y empezar a combinar bloques que ya tienes. La anatomía de la sesión —qué partes tiene y cuántos minutos se lleva cada una— está resuelta y publicada en la página de sesiones de Educación Física, así que aquí no la repetimos: lo que se explica es el procedimiento, cuánto dura cada paso y cómo se monta el banco del que se elige.

Por qué se planifica por bloques y no por sesiones

El método académico de planificación —el que se aprende para la oposición— está pensado para producir un documento defendible: se justifica cada decisión, se redacta todo y se escribe una vez. El método de quien da veinte sesiones a la semana tiene que producir otra cosa: una sesión utilizable, hoy, y otra mañana.

La diferencia práctica es que el segundo no escribe, elige. Tiene tres colecciones separadas —calentamientos, tareas principales y cierres— y la sesión sale de combinar una pieza de cada una en función del objetivo de esa semana. Escribir un calentamiento cuesta veinte minutos; elegirlo de una lista de siete que ya funcionan cuesta tres.

Esto tiene una consecuencia que conviene aceptar desde el principio: las piezas se repiten, y está bien. Un calentamiento que el grupo ya conoce se explica en veinte segundos en lugar de en tres minutos, y esos dos minutos y medio se van a la parte principal. La variedad hay que buscarla en la tarea principal, que es donde está el aprendizaje, no en el calentamiento.

Los quince minutos, paso a paso

Los quince minutos se reparten así, y el orden importa: si eliges las actividades antes de decidir el objetivo, acabas justificando hacia atrás lo que te apetecía hacer.

Minutos 1 y 2: el objetivo, en una frase

Una sola frase que empiece por «al final de esta sesión, mis alumnos serán capaces de...» y termine en un verbo que se pueda observar desde la banda: pasar sin que el balón toque el suelo, mantener el equilibrio sobre un apoyo diez segundos, ocupar un espacio libre cuando un compañero recibe. Si la frase acaba en algo que no se ve —«valorar», «comprender», «conocer»—, no te va a servir para elegir la tarea ni para saber si la sesión ha salido.

Minutos 3 a 5: el calentamiento

De tu lista de calentamientos, el que cumpla tres condiciones: que se parezca a lo que viene después, que quepa en el espacio que te toca ese día y que no lo hayas usado en las dos o tres últimas semanas. Nada más. Si tardas más de tres minutos aquí es que tu lista es demasiado corta o no está etiquetada. Hay material de sobra para empezarla en los juegos de calentamiento, y Los colores es un ejemplo del tipo de pieza que interesa: sirve de cinco a doce años, no necesita material y admite cambiar la consigna cada vez que se repite.

Minutos 6 a 12: la tarea principal

Es el paso que se lleva la mitad del tiempo, y con razón: es la parte de la sesión que enseña algo. Se busca por etiquetas, no leyendo la lista entera: primero por contenido —baloncesto, expresión corporal, habilidades—, luego por la habilidad concreta que dice tu objetivo, y por último por formato, según quieras un circuito, un juego global o una situación de oposición. En los juegos de parte principal están filtrados por ese criterio, y el buscador de juegos permite cruzar edad, espacio y material.

Elegida la tarea, dos comprobaciones de treinta segundos que evitan casi todos los desastres: ¿el material que pide está disponible ese día?, ¿cabe en el espacio que te han asignado? Y una anotación: la variante que le vas a aplicar a este grupo concreto para subir o bajar el reto, porque esa es la que no te vas a acordar el miércoles.

Minutos 13 y 14: el cierre

Más rápido que el calentamiento, porque tiene menos condiciones. Un juego tranquilo, unos estiramientos guiados o una asamblea corta, según la intensidad que haya tenido la parte principal. Aquí es donde más se rentabiliza tener dos o tres comodines: Estiramientos sirve de tres a dieciocho años y permite comentar la sesión mientras se hace, y El Juego del Contrario baja el ritmo sin que el grupo se enfríe del todo. Hay más en los juegos de vuelta a la calma.

Minuto 15: las notas

Cuatro líneas, y son las que hacen que la próxima sesión cueste menos: el material que tienes que preparar antes, el alumno concreto al que quieres mirar ese día, lo que vas a observar y con qué se conecta la sesión anterior. Sin este minuto, la semana siguiente vuelves a empezar de cero.

Cómo se construye el banco del que eliges

Todo el método depende de tener de dónde elegir, y ahí está el problema del primer curso: si tu banco está vacío, elegir cuesta lo mismo que escribir. Se construye así, y no lleva un año:

  • Guarda lo que ya usas, no lo que te gustaría usar. Cada vez que una sesión sale bien, apunta las tres piezas que la componían. Dos o tres juegos por semana, y en un trimestre tienes treinta o cuarenta piezas propias, todas ya usadas con tus grupos.
  • Etiqueta por cómo vas a buscar, no por cómo se llama el juego. Cuatro etiquetas bastan: contenido, habilidad concreta, formato y tramo de edad. El nombre del juego no sirve para buscar, porque cuando lo buscas no te acuerdas de cómo se llamaba.
  • Anota el material y el espacio en la propia pieza. Es el filtro que usas el día que te cambian el pabellón por el patio a primera hora.
  • Marca la fecha en que la usaste con cada grupo. Es la única forma de no repetir el mismo calentamiento dos semanas seguidas con 1ºB y de saber cuál llevas sin usar desde octubre.
  • Apunta la variante que funcionó. «Con dos defensores en lugar de uno», «campo más estrecho», «sin poder botar». La variante es la mitad del valor de la pieza y es lo primero que se olvida.

Mientras el banco propio crece, se completa con uno ya hecho: es más rápido filtrar un catálogo por edad, material y espacio que buscar por internet y leer diez páginas para descartar nueve.

Las nueve decisiones que tiene que contener una sesión

Una sesión está terminada cuando estas nueve cosas están decididas. No es una ficha que haya que rellenar de arriba abajo: es la lista con la que compruebas que no te falta nada antes de cerrar.

  1. El objetivo observable, en la frase única del paso uno.
  2. El grupo y el número real de alumnos que va a haber, que condiciona el formato más que ninguna otra variable.
  3. El espacio asignado ese día, con su alternativa si llueve.
  4. Las tres piezas elegidas: calentamiento, tarea o tareas principales y cierre.
  5. El material total, contado y en una sola lista, no repartido por apartados.
  6. La organización de cada tarea: cuántos grupos, de cuántos y quién los forma.
  7. La variante de dificultad hacia arriba y hacia abajo, decidida antes de necesitarla.
  8. Qué vas a observar, en dos o tres indicadores, y en quién.
  9. La conexión con la sesión anterior y con la siguiente, en una línea.

Si al terminar la sesión no puedes contestar a las nueve en voz alta, la que falte es la que te va a dar problemas el martes a segunda hora.

Cinco formas de no planificar dos veces lo mismo

Estas cinco son las que reducen los quince minutos a cinco, y todas se apoyan en lo mismo: la sesión ya escrita es un activo, no un papel usado.

1. La misma sesión para todos los grupos del mismo curso

Si das clase a 1ºA, 1ºB y 1ºC, es una sesión y tres ajustes, no tres sesiones. Lo que se cambia entre grupos es la dificultad: más o menos espacio, más o menos defensores, más o menos tiempo de posesión. El objetivo y las piezas son las mismas.

2. La progresión: una estructura, cuatro sesiones

Dentro de una unidad, las sesiones no se planifican una a una: se planifica la primera con detalle y las siguientes son la misma estructura subiendo la exigencia. En acrosport, por ejemplo, figuras individuales y por parejas, luego tríos y cuartetos, luego grupos grandes con transiciones y por último la composición completa. La planificación de la segunda cuesta cinco minutos porque solo cambia el reto.

3. El puñado de sesiones comodín

Cinco o seis sesiones cerradas que funcionan cualquier día y en cualquier espacio: un circuito sin material, juegos cooperativos de interior, una gymkana de habilidades, juegos populares, expresión corporal. Son las que te salvan el día que llueve, el día que el pabellón está ocupado y el día que llegas sin voz. Para el escenario de lluvia hay actividades ya pensadas en los recursos para días de lluvia.

4. Las del curso pasado, con la nota de mejora aplicada

Si guardaste las sesiones del año anterior con sus notas, la planificación se reduce a abrir, leer «qué mejorar» y aplicarlo. Es el uso más rentable del minuto quince: la nota que escribiste hace un año es la que hace que la sesión salga mejor este. Así funciona la reutilización de sesiones, que además mantiene la del año pasado intacta por si el ajuste no sale.

5. El reparto con el departamento

Si cada profesor del departamento aporta diez sesiones cerradas por bloque de contenido, todos parten de un banco común en lugar de cinco bancos paralelos con el mismo trabajo hecho cinco veces. Lo que hace que esto funcione o no es el formato: si cada uno la sube con sus propias etiquetas, nadie encuentra nada. Se acuerdan las cuatro etiquetas antes de subir la primera.

Cuatro errores del método rápido

Estos no son errores de planificación en general: son los cuatro que aparecen justo por planificar rápido, y los cuatro se arreglan en el propio procedimiento.

  • Elegir la tarea antes del objetivo. Es el orden natural y el que arruina el método: si primero eliges el juego que te gusta, el objetivo acaba redactado para que encaje y la sesión no evalúa nada.
  • Un objetivo que no se puede ver. «Conocer los fundamentos del baloncesto» no te dice qué mirar ni qué tarea elegir. El objetivo de una sesión rápida tiene que ser tan concreto que la tarea se elija casi sola.
  • No anotar la variante. Es lo primero que se cae cuando hay prisa, y es justo lo que necesitas en clase cuando la tarea sale demasiado fácil a los cuatro minutos. Improvisar una variante delante de treinta alumnos cuesta mucho más que escribirla el domingo.
  • Saltarse el minuto de las notas. Sin notas post-sesión, el método no acumula: cada semana planificas en quince minutos, pero siempre los mismos quince, y nunca bajas a cinco.

Preguntas frecuentes

¿Qué hago si todavía no tengo banco de juegos?
Empezar por el final: guarda lo que ya das. Cada vez que prepares una sesión, apunta sus tres piezas con las cuatro etiquetas y el material. En dos o tres meses tienes treinta o cuarenta piezas propias, y a partir de ahí el método funciona. Mientras tanto, apóyate en un catálogo ya filtrable para no perder el tiempo buscando en abierto.
¿Se puede planificar en quince minutos sin perder calidad?
La calidad de una sesión no está en el tiempo que se tarda en escribirla, está en cuatro cosas: un objetivo concreto, tareas alineadas con ese objetivo, una progresión coherente y un reparto de tiempos que se cumpla. Las cuatro se consiguen eligiendo bien, y elegir bien es rápido cuando tienes de dónde. Lo que no se puede hacer en quince minutos es la primera sesión de tu vida, ni una unidad entera desde cero.
¿Merece la pena planificar con detalle si en clase siempre improviso?
Sí, y por una razón concreta: se improvisa mejor con estructura que sin ella. Si tienes decididas las nueve cosas de la lista, cuando algo falle —falta material, el grupo está eufórico, la tarea es demasiado fácil— solo tienes que cambiar una pieza. Sin estructura, cuando algo falla hay que reconstruir la sesión entera en mitad del patio.
¿Puedo planificar las cuatro sesiones de la semana de una vez?
Es lo más eficiente, y sale por menos de quince minutos cada una. Se decide un solo objetivo para la semana, se elige una tarea principal y se planifican las cuatro sesiones como variaciones de esa tarea con el reto subiendo. El calentamiento y el cierre se repiten, que es exactamente lo que interesa: el grupo los conoce, no hay que explicarlos y ganas minutos de práctica en las cuatro.

El método no depende de ninguna herramienta, pero sí de que las piezas estén guardadas en un sitio donde se puedan filtrar y volver a usar. Si las tienes repartidas entre carpetas y cuadernos, la mitad del tiempo se va en buscar. Montar la sesión en el creador de sesiones deja las tres piezas encadenadas con sus tiempos, el material sumado en una lista y la sesión guardada para duplicarla con el resto de tus grupos.

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