A tumbarse
Descripción
Cada niño, tumbado boca arriba con una pelota de espuma, la lanza hacia arriba y la recoge con las dos manos sin dejar que toque el suelo y sin levantarse. El maestro se tumba en medio y juega con ellos, cambiando la consigna cada poco.
Objetivo
Seguir con la vista un objeto que cae y recogerlo con las dos manos desde la postura tumbada, que es la que menos ayuda da y la que más obliga a mirar.
Instrucciones
Variantes
Más difícil — Con una mano: Se lanza con las dos manos y se recoge con una sola, la que cada uno prefiera. Obliga a calcular mejor dónde va a caer y a estirar el brazo entero para salir a buscarla. Otra organización — En parejas: Tumbados uno al lado del otro, uno lanza la pelota hacia arriba por encima de las manos del compañero y ese la recoge; después cambian. Aparece el ajuste al otro y se acaban las pelotas rodando por toda la sala. Más fácil — Me la dan: El maestro, agachado al lado, deja caer la pelota desde poca altura justo sobre las manos abiertas del niño. Solo hay que cerrar las manos en el momento, sin tener que buscar la pelota por el aire.
Consejos para el Profesor
Es de los pocos juegos de recepción que sale bien a los cuatro años, porque tumbado no hay que colocar el cuerpo: solo las manos. Túmbate tú también, en medio: desde ahí ves quién mira la pelota y quién mira al techo, y no tienes que levantar la voz. La pelota tiene que ser de espuma y del tamaño de dos manos juntas; si es más pequeña se cuela entre los brazos y acaba en la cara, y si es más grande no la abarcan.
Adaptaciones NEE
Movilidad reducida: el juego ya se hace tumbado, que es la postura que más iguala; si no puede tumbarse, se juega semisentado con la espalda apoyada y la pelota se lanza igual, solo que más baja. Visual: pelota de espuma de color muy contrastado con el suelo y se juega la variante Me la dan, con el maestro avisando en voz alta un instante antes de soltarla, porque el niño nota el aire de la pelota al caer sobre las manos abiertas; el sitio de cada uno se marca con una esterilla, nunca con una cuerda en el suelo. Auditiva: las consignas se acuerdan antes con un gesto —mano arriba para lanzar alto, mano baja para lanzar bajito— y el maestro se coloca donde el niño le vea la cara. Cognitiva: se empieza sin lanzar, solo dejando caer la pelota sobre las propias manos desde un palmo, y se sube la altura cuando la coja tres veces seguidas.