Capitán, árbitro y observador rotatorios
Descripción
En cada cuadrado de ocho metros, un grupo juega a conservar el balón, y tres de ellos llevan además un peto de función sin dejar de jugar: el capitán decide quién saca y recoloca al equipo cuando se amontonan; el árbitro decide las jugadas dudosas y su decisión vale siempre; y el observador anota lo que ve. Los tres papeles rotan cada minuto.
Objetivo
Ejercer los tres papeles que sostienen un juego —organizar, arbitrar y observar— y comprobar que se puede jugar sin que el maestro decida todo.
Cómo se juega7
Colocación
Cinco cuadrados de ocho metros, un grupo por cuadrado. Con 25, cinco grupos de cinco: tres llevan peto de función y juegan igual que los demás. Los papeles no sacan a nadie del juego.
Los tres papeles, con una sola tarea cada uno, que es lo que hace que funcionen: - Capitán (peto rojo): decide quién saca y recoloca al equipo cuando se amontonan. Nada más. - Árbitro (peto azul): decide las jugadas dudosas. Su decisión vale, siempre, aunque se equivoque. Eso hay que decirlo antes y sostenerlo. - Observador (peto amarillo): anota en la hoja una sola cosa, la que diga el maestro en ese minuto: cuántos pases seguidos, o cuántas veces tocó el balón cada uno, o cuántas veces hubo que parar.
El juego de fondo
Conservar el balón con pases de mano, sin bote y sin contacto. Es lo de menos; el juego está para que haya algo que capitanear, arbitrar y observar.
La rotación cada minuto
Se para, se pasan los tres petos al de la derecha y se sigue. En cinco minutos, todos han hecho los tres papeles y han jugado sin ninguno.
La regla que sostiene el arbitraje, y es la difícil
La decisión del árbitro vale. Sin discusión, sin apelar al maestro y sin poner cara. Si el maestro empieza a corregir arbitrajes, la actividad pierde su sentido en el primer minuto.
Qué hace el maestro
Mira, dice qué hay que observar en cada minuto, y no arbitra. Solo interviene si hay riesgo o si alguien no respeta una decisión.
El cierre, que es donde está el aprendizaje
Cada observador lee su dato en alto. Y se pregunta qué papel ha costado más. Casi todos dicen árbitro, y esa conversación —sobre lo difícil que es decidir rápido y aguantar que te discutan— vale por toda la sesión.
Variantes3
dos papeles en lugar de tres, capitán y árbitro, con rotación cada dos minutos. Y el observador lo hace el maestro las primeras veces, en alto, para enseñar cómo se observa.
se quita el capitán y el equipo tiene que organizarse sin nadie que lo haga; el árbitro y el observador siguen. Ahí se ve si la organización ha calado.
dos grupos juegan un partido entre ellos con un árbitro y un observador de cada grupo. Arbitrar un partido de dos equipos es mucho más difícil que arbitrar dentro del propio.
Qué se trabaja
Seguridad3
El observador anota fuera del cuadrado y deja la hoja y el lápiz en el suelo antes de volver al juego: nadie juega con un lápiz en la mano.
La rotación de los tres petos se hace con el juego parado y el balón en el suelo; si cinco grupos cambian en marcha, es cuando se invaden los cuadrados de al lado.
El balón que sale del cuadrado se recupera andando y mirando hacia el grupo vecino, que está a tres metros y no ve venir a nadie por detrás.
Consejos para el profesor5
Lo difícil de esta ficha no es organizarla, es que el maestro se calle.
En cuanto corrige un arbitraje, aunque sea uno claramente equivocado, los niños dejan de aceptar la autoridad del árbitro y empiezan a apelar.
La regla de que la decisión vale aunque se equivoque hay que decirla antes y sostenerla toda la sesión, y es exactamente lo que enseña la actividad.
Dar a cada papel una sola tarea es lo que evita que el capitán se convierta en el que manda en todo.
Y la conversación final sobre lo difícil que es arbitrar es la mejor parte: después de haberlo hecho, los niños protestan bastante menos en los partidos de las semanas siguientes.
Adaptaciones NEE4
Visual
los petos de función se distinguen además por una textura, el observador registra dictando a un compañero o grabando en el móvil del aula, y el árbitro decide sobre lo que le cantan los jugadores, que es una manera perfectamente válida de arbitrar.
Auditiva
las decisiones del árbitro se dan con un gesto acordado además de en voz —brazo arriba para parar, mano al frente para seguir—, y las rotaciones se avisan con un gesto grande del maestro.
Movilidad reducida
los tres papeles se ejercen desde cualquier posición y el juego de fondo se adapta acercando a los jugadores; conviene empezar por el de árbitro o el de observador, que son los que más autoridad dan y los que menos dependen del desplazamiento, y llegar al de capitán con el juego ya rodado.
Cognitiva o de atención
dos papeles en lugar de tres y rotación cada dos minutos; se le da al observador una sola cosa que contar, con casillas ya dibujadas en la hoja, y se empieza por observador.
Errores frecuentes
- Que el maestro corrija los arbitrajes. Se acaba la autoridad del árbitro y con ella el sentido de la actividad.
- Dar a los papeles tareas amplias. El capitán acaba mandando en todo y los otros dos se quedan sin función.
- Pedir al observador que anote varias cosas. No anota ninguna y su papel se convierte en mirar.
- Rotar cada cinco minutos en lugar de cada uno. No da tiempo a que todos pasen por los tres papeles, que es el objetivo.
Observaciones
Montaje (8 minutos, para 25 alumnos): 1. Se marcan cinco cuadrados de 8 x 8 metros con cuatro conos, separados 3 metros entre sí. 2. Por grupo: una pelota de espuma, TRES PETOS DE COLORES DISTINTOS (rojo capitán, azul árbitro, amarillo observador) y una hoja de registro con un lápiz. 3. Los tres colores tienen que ser bien distintos entre sí: el papel se identifica de un vistazo desde fuera y eso es lo que permite al maestro ver si están rotando. 4. La hoja de registro lleva una sola columna, con espacio para anotar UNA cosa por minuto. Una sola: si la hoja tiene cinco columnas, el observador no anota ninguna. 5. Un cronómetro para las rotaciones de un minuto. 6. Antes de empezar se dice, a toda la clase y en alto, la regla que sostiene la actividad: la decisión del árbitro vale, siempre, aunque se equivoque, y no se apela al maestro. Decirla en el montaje y no sobre la marcha es lo que la hace creíble.