La prisión
Descripción
Corros de seis cogidos de la mano y con las piernas abiertas hasta tocar los pies del vecino. Dentro de cada corro hay un prisionero que tiene que salir pasando por debajo de los brazos o entre las piernas, y el reto es hacerlo sin tocar a nadie. El corro no sujeta ni aprieta: solo está.
Objetivo
Medir el propio cuerpo contra un hueco pequeño y pasarlo despacio y con control, sin apoyarse en nadie.
Instrucciones
Variantes
Más difícil — El prisionero que rodea: El corro sigue completamente quieto, pero el prisionero tiene que dar una vuelta entera por dentro reconociendo los huecos antes de elegir uno, y solo puede intentarlo por el que haya elegido. Sube la dificultad sin poner a nadie a andar por encima de quien está a gatas: toda la protección de este juego es que el obstáculo no se mueve, y desde la postura de piernas abiertas tocando el pie del vecino tampoco se puede andar. Otra organización — El relevo de prisiones: Los corros se colocan en línea y el que sale de una prisión entra directamente en la siguiente; el grupo cuenta cuánto tarda la clase entera en atravesar las cuatro. Se hace sobre colchonetas o en la sala, porque son cuatro pasadas a gatas seguidas. Más fácil — La puerta que se sabe: Uno del corro hace de puerta: se coloca con los brazos altos y las piernas más abiertas, y el prisionero sabe cuál es. Se acaba la búsqueda y queda el paso, que es lo que hay que aprender a medir.
Consejos para el Profesor
El juego se estropea en cuanto el corro decide ganar: aprietan, sujetan y se sientan encima, y ahí llegan el llanto y el tirón de brazo. Dilo antes de empezar y párate en la primera vez que pase. Corros de seis y turnos de medio minuto: con corros de doce se espera cinco minutos para salir una vez. El límite de tiempo y el «basta» del prisionero no son un detalle: hay niños de seis años a los que estar encerrado en un corro les agobia de verdad, y hay que dejar la puerta abierta desde el principio.
Adaptaciones NEE
Movilidad reducida: la prisión se abre a su altura —el corro levanta los brazos en arco y cierra las piernas en el punto por el que va a salir—, de forma que se pueda salir andando, con apoyos o en silla, y el reto que se le mantiene es el mismo que el de todos: salir sin tocar. Hace de corro en su sitio igual que los demás, sujetando las manos de sus vecinos. Visual: antes de empezar recorre el corro por dentro tocando las manos de los compañeros y contando cuántos son; durante la ronda, el compañero cuyo hueco está libre dice su nombre, de manera que el corro suena y el hueco se localiza por el oído; sale siempre por debajo de los brazos, que es el hueco más fácil de encontrar con las manos. Auditiva: la señal de empezar y la de tiempo cumplido las da el corro entero levantando los brazos, que se ve desde el suelo aunque se esté a gatas, y el «basta» del prisionero se acuerda también como un golpe con la palma en el suelo. Cognitiva: se enseña primero con el corro abierto y una sola puerta señalada, se le dice antes por dónde va a salir, y los turnos van en un orden fijo y anunciado.