Descripción
Por parejas, de rodillas y a la altura de los enanitos. Cada pareja recorre una calle corta avanzando de rodillas y pasándose la pelota rodando por el suelo, sin que se les escape. No hay carrera ni ganadores: el reto es llegar al final con la pelota.
Objetivo
Avanzar de rodillas y pasar la pelota a alguien que también se está moviendo, ajustando la fuerza y el momento del pase.
Instrucciones
Variantes
Más difícil — Sin parar: la pareja no puede detenerse para pasar la pelota, se pasa mientras se avanza. Pararse a apuntar era la ayuda, y es justo la que se quita. Otra organización — Frente a frente: la pareja no viaja. Se colocan de rodillas frente a frente y a dos pasos, y se pasan la pelota rodando; cada tres pases los dos se echan un paso de rodillas hacia atrás y siguen. Se acaba pasando a la distancia máxima que aguanten. Más fácil — La pelota de los dos: no hay pase. Los dos llevan la pelota a la vez, cada uno con una mano, y avanzan de rodillas hasta el final sin soltarla. Es la versión para quien todavía pierde el equilibrio al soltar una mano del suelo.
Consejos para el Profesor
Este juego se cae por un solo motivo: el suelo. En sala funciona muy bien y en el patio no se puede dar, porque a los dos viajes las rodillas están rojas y nadie quiere repetir. Calle corta —seis u ocho pasos— y dos viajes por pareja como mucho, que de rodillas se cansa mucho antes de lo que parece. Marca las calles todas en el mismo sentido, porque en cuanto dos parejas se cruzan de rodillas acaban unos encima de otros. Y quita cualquier idea de carrera desde la primera frase: si hay meta y ganador se ponen de pie y corren, y ahí es donde alguien se lleva un pisotón.
Adaptaciones NEE
Movilidad reducida: el juego entero pasa a ras de suelo, así que quien se desplaza sentado empujándose con las manos participa sin cambiarle nada; si tiene que quedarse en la silla, su calle es la del borde, el compañero juega a su altura pasándole la pelota rodando por el lado y él la devuelve con la mano, que es la misma tarea. Visual: la pelota se pasa siempre rodando y anunciándola en voz alta («¡va!»), la calle se marca con conos altos a los dos lados y el final con una alfombrilla que se nota al tacto; no se pone cuerda en el suelo, porque aquí se apoyan las manos todo el rato. Auditiva: se pacta que no se pasa hasta que el compañero mira, y las señales de salida y de final las da el maestro con el brazo en alto; como van uno al lado del otro, el aviso del pase puede ser un gesto con la mano. Cognitiva: primero se hace el recorrido sin pelota, solo de rodillas hasta el cono; después con la pelota llevada entre los dos, y solo entonces con pases.