Mi casita limpia
Descripción
Dos casas dibujadas en el suelo, la mitad del grupo en cada una y un montón de bolas de papel repartidas. Cuando el docente dice «¡a limpiar la casita!», cada uno coge una bola y la lanza a la otra casa, sin parar de agacharse, coger y lanzar hasta que se da la orden de parar.
Objetivo
Agacharse, coger y lanzar sin parar, ajustando la fuerza para que la bola llegue hasta la otra casa.
Instrucciones
Variantes
Más difícil — La casa está lejos: Se separan las dos casas un par de metros más. Hay que lanzar con mucha más fuerza y la bola pesa poco, así que obliga a mover el brazo entero en vez de tirarla con la muñeca. Se sigue lanzando por debajo del hombro y hacia el suelo, igual que en el juego base. Otra organización — Al trastero: Una sola zona en el centro, el trastero, y todos alrededor: cada uno lanza sus bolas al centro y luego el docente las reparte otra vez. Desaparecen las dos casas enfrentadas y el juego se vuelve una sola tarea común. Más fácil — Con las manos llenas: Cada niño empieza con sus tres bolas en las manos, sin tener que buscarlas por el suelo, y las lanza una a una. Quita la parte de agacharse y buscar, que es donde se chocan los de 3 años.
Consejos para el Profesor
Prepara las bolas antes de la sesión y hazlas de verdad apretadas: una bola floja no llega a la otra casa y a los tres lanzamientos se han acabado las ganas. El pasillo del medio es lo que hace este juego seguro y ordenado, así que píntalo bien ancho y no lo negocies. Y córtalo pronto, a los cinco o seis minutos: es de los juegos que empiezan muy bien y que, si se alargan, acaban con las bolas volando a la cara. Terminar recogiendo entre todos forma parte del juego y no se salta nunca.
Adaptaciones NEE
Movilidad reducida: el alumno juega desde el borde de su casa, con una caja o un aro con bolas a la altura de sus manos para no tener que agacharse a buscarlas, y lanza exactamente igual que los demás; si el alcance es corto, se coloca en la parte de su casa más próxima al pasillo, y así el contenido, coger y lanzar sin parar, se mantiene entero. Visual: las bolas se hacen de papel de color muy contrastado con el suelo, un compañero le avisa en voz alta cuando quedan pocas cerca de él, y el borde de su casa se marca con cinta de carrocero o con una alfombrilla —nunca con una cuerda tendida, que rueda bajo el pie—; se juega en la variante «Con las manos llenas», donde no hay que buscar por el suelo. Auditiva: las órdenes de empezar y de parar se dan con un gesto grande y visible además de con la voz, y el docente se coloca donde el alumno le vea desde su casa; el resto del juego es visual por completo. Cognitiva: se empieza con la variante «Con las manos llenas» y con una sola consigna, «lanza a la otra casa», sin añadir nada más hasta que esté afianzada.