Duro, blando
Descripción
El grupo pasea despacio por la sala. El docente nombra un objeto duro —una piedra, un palo, un hielo— y todos se paran y se ponen duros; nombra después uno blando —un flan, un peluche, un algodón— y todos se deshacen despacio. Se alternan las dos consignas hasta terminar tumbados como muñecos de trapo. Es un juego de tono muscular pensado para bajar el pulso al final de la sesión.
Objetivo
Notar la diferencia entre un cuerpo tenso y un cuerpo relajado, y pasar de uno a otro cuando se pide, sin apretar los dientes ni aguantar la respiración.
Cómo se juega6
Colocación
Todos de pie y repartidos por la sala, con hueco alrededor. El docente enseña una piedra y una esponja y deja que las toquen.
Arranque
Se pasea despacio por la sala. El docente dice «¡piedra!» y todos se paran y se ponen duros, con el aire entrando y saliendo.
Qué se puede hacer
Ponerse duro de pie, agachado o donde a cada uno le pille la palabra; y ponerse blando dejándose caer despacio, nunca de golpe.
Qué pasa cuando cambia la palabra
Al oír una cosa blanda —flan, peluche, algodón, plastilina al sol— el cuerpo se deshace poco a poco, empezando por los hombros, y se vuelve a andar despacio hasta la siguiente palabra.
Cómo termina
La última palabra es blanda y muy larga; todos acaban tumbados boca arriba en el suelo, y el docente pasa levantando un brazo de cada uno para comprobar que cae solo.
Reinicio
Se sigue con los objetos que propongan ellos, diciendo cada uno el suyo desde el suelo sin levantarse; el docente lo repite en voz alta y, si es algo que el resto no conoce, lo cambia por otro parecido que sí hayan tocado.
Variantes3
Solo una parte
Se nombra el objeto y además la parte que se pone dura —«los brazos de piedra»— mientras el resto del cuerpo sigue blando. Aparece la relajación segmentaria, que es bastante más difícil que la global.
Por parejas de escultor
Uno se pone blando y el compañero le mueve un brazo con cuidado para comprobar que está de verdad flojo; a la palabra dura, se cambian los papeles. Se toca solo brazos y manos.
Solo dos objetos
Se juega toda la sesión con la piedra y el flan, siempre los mismos, y el docente lo hace delante a la vez que lo dice. Deja de haber que interpretar palabras nuevas.
Consejos para el profesor3
El juego se sostiene en tu voz, no en la lista de objetos: «piedra» dicho corto y seco, «flaaan» dicho largo y bajito, y el grupo entero cambia sin que tengas que explicar nada.
Nombra siempre cosas que hayan tocado —el hielo del congelador de casa, el peluche de la siesta—; en cuanto metes un yunque o un mármol, se quedan mirando.
La comprobación del final, levantar un brazo y ver si cae solo, es lo que más les gusta y lo que de verdad te dice si están relajados o haciendo teatro.
Adaptaciones NEE4
Movilidad reducida
Trabaja con los segmentos que controle —manos, brazos, cara— y se le nombra directamente la parte, «las manos de piedra, las manos de flan»; si no puede tumbarse, se hace el final recostado con la espalda apoyada, que es la misma tarea de soltar el tono.
Visual
El juego es de palabra, así que ya le llega entero; además se le dejan tocar la piedra y la esponja las veces que haga falta y el docente le avisa en voz alta antes del final para que se tumbe con espacio y sepa dónde está el hueco libre.
Auditiva
Cada tipo de palabra lleva su gesto —puño cerrado para lo duro, mano abierta que cae para lo blando— y el docente se sitúa donde le vean la cara; el alumno se coloca en el borde con visión de varios compañeros.
Cognitiva
Se juega con la variante fácil, dos objetos fijos y el docente haciéndolo delante, y se le deja tocar el objeto real justo antes de cada cambio.