El prisionero
Descripción
Cada niño hace que está atado de pies y manos con unas cuerdas que no existen. Con el cuerpo apretado y los gestos muy grandes, tira para soltarse mientras el docente cuenta hasta tres, y a la voz de «¡libre!» se suelta de golpe y se queda flojo en el suelo.
Objetivo
Notar la diferencia entre el cuerpo apretado y el cuerpo flojo, que es la primera forma de aprender a relajarse.
Cómo se juega6
Colocación
Cada niño busca un sitio en el suelo donde pueda estirar los brazos sin tocar a nadie y se queda de pie ahí. El docente se coloca en medio, a la vista de todos, y hace el juego con ellos.
Arranque
El docente cuenta que son prisioneros con las manos y los pies atados con cuerdas invisibles, y hace él primero el gesto de tirar para soltarse, apretando los puños, los brazos y la cara.
Qué se puede hacer
Apretar y tirar lo más grande que se pueda, cada uno a su manera —de pie, de rodillas o sentado—, siempre en su sitio y sin acercarse a nadie. Se aprieta mientras el docente cuenta hasta tres, y se respira todo el rato: no se aguanta el aire.
Qué pasa cuando el docente dice «¡libre!»
Las cuerdas se sueltan de golpe, se abren las manos, se deja caer todo y el cuerpo se queda flojo, sentado o tumbado en el suelo.
Cómo termina
Después de tres o cuatro rondas, en la última nadie se vuelve a atar: todos se quedan tumbados boca arriba y sueltos, mientras el docente pasa diciendo en voz baja qué parte del cuerpo ve ya floja. Cinco o seis minutos bastan.
Reinicio
Se ata una parte distinta —solo las manos, solo los pies, solo la cara— y se repite. Cambiar la parte atada renueva el juego sin añadir ninguna regla y hace que se note mejor dónde aprieta cada uno.
Variantes3
el docente va nombrando partes y solo esa se aprieta, mientras el resto del cuerpo sigue flojo: primero las manos, luego los hombros, luego las piernas. Apretar una parte sola y dejar el resto suelto es bastante más difícil que apretar entero, y se sigue contando hasta tres y respirando.
uno hace de prisionero y el otro, sentado enfrente y sin tocarlo, le dice qué parte le ve todavía apretada cuando ya se ha soltado. Todas las parejas a la vez, y se cambia el papel a mitad de juego.
solo se atan las manos y solo se aprietan los puños; el resto del cuerpo no entra. A los cuatro años apretar el cuerpo entero cuesta, y las manos se entienden a la primera.
Qué se trabaja
Seguridad3
Se aprieta respirando mientras el docente cuenta hasta tres: aguantar el aire tensando la cara y el cuello es lo que marea a esta edad.
Al oír libre el cuerpo se suelta hacia abajo, doblando las rodillas hasta quedar sentado; nadie se deja caer de espaldas.
Cada uno tira de sus cuerdas en su sitio: el gesto de soltarse es grande y los brazos salen disparados hacia los lados.
Consejos para el profesor2
Recuérdales en alto que respiran mientras aprietan: el gesto grande les hace bloquear el aire sin darse cuenta.
Exagera tú el tirón desde el centro: si aprietas poco, ellos fingen y al soltarse no se nota ningún contraste.
Adaptaciones NEE4
Visual
Se le atan las partes que sí mueve y son esas las que se nombran en sus rondas, sin cambiarle la tarea por otra.
Auditiva
La señal de «¡libre!» lleva además un gesto grande y siempre el mismo, los dos brazos que se abren de golpe, hecho desde donde el alumno vea al docente, y el final del juego se avisa apagando y encendiendo la luz.
Movilidad reducida
El juego se hace entero desde la posición en la que el alumno esté cómodo —sentado en el suelo, en su silla o tumbado—, porque apretar y soltar no necesita desplazarse;
Cognitiva o de atención
Se juega solo con las manos, con el docente enfrente haciéndolo a la vez, y se van sumando partes de sesión en sesión;
Errores frecuentes
- Alargar la cuenta más allá de tres: apretando puños y cara tanto rato acaban aguantando la respiración.
- Decir «¡libre!» y pasar a otra cosa: sin los segundos flojos en el suelo, el juego solo tensa y no relaja.
- Encadenar muchas repeticiones: se convierte en concurso de fuerza y suben las pulsaciones al final de la sesión.