El prisionero
Descripción
Cada niño hace que está atado de pies y manos con unas cuerdas que no existen. Con el cuerpo apretado y los gestos muy grandes, tira para soltarse mientras el docente cuenta hasta tres, y a la voz de «¡libre!» se suelta de golpe y se queda flojo en el suelo.
Objetivo
Notar la diferencia entre el cuerpo apretado y el cuerpo flojo, que es la primera forma de aprender a relajarse.
Instrucciones
Variantes
Más difícil — Un trozo cada vez: el docente va nombrando partes y solo esa se aprieta, mientras el resto del cuerpo sigue flojo: primero las manos, luego los hombros, luego las piernas. Apretar una parte sola y dejar el resto suelto es bastante más difícil que apretar entero, y se sigue contando hasta tres y respirando. Otra organización — Prisioneros por parejas: uno hace de prisionero y el otro, sentado enfrente y sin tocarlo, le dice qué parte le ve todavía apretada cuando ya se ha soltado. Todas las parejas a la vez, y se cambia el papel a mitad de juego. Más fácil — El prisionero de las manos: solo se atan las manos y solo se aprietan los puños; el resto del cuerpo no entra. A los cuatro años apretar el cuerpo entero cuesta, y las manos se entienden a la primera.
Consejos para el Profesor
Cuéntalo como un cuento y no lo expliques como una consigna: a esta edad el relato es lo que sostiene el juego, y sin la historia del prisionero esto es una tabla de contracciones. Haz tú el gesto grande, ridículo y lento, porque el techo de exageración del grupo es el tuyo. Lo que hay que buscar no es la tensión sino el momento de soltar: alarga ese instante, baja la voz y no dejes que se levanten enseguida. Y colócalo detrás de un juego de correr; suelto y en frío no baja el pulso de nadie, que es para lo que sirve.
Adaptaciones NEE
Movilidad reducida: el juego se hace entero desde la posición en la que el alumno esté cómodo —sentado en el suelo, en su silla o tumbado—, porque apretar y soltar no necesita desplazarse; se le atan las partes que sí mueve y son esas las que se nombran en sus rondas, sin cambiarle la tarea por otra. Visual: el docente se coloca a su lado y le describe el gesto en voz alta y con detalle («aprieto los puños, subo los hombros hasta las orejas, ahora suelto»), y si el alumno quiere, se le hace el gesto sobre su propia mano antes de empezar; no hace falta marcar el suelo, porque cada uno se queda en su sitio, y en ningún caso se pone una cuerda como referencia. Auditiva: la señal de «¡libre!» lleva además un gesto grande y siempre el mismo, los dos brazos que se abren de golpe, hecho desde donde el alumno vea al docente, y el final del juego se avisa apagando y encendiendo la luz. Cognitiva: se juega solo con las manos, con el docente enfrente haciéndolo a la vez, y se van sumando partes de sesión en sesión; ayuda mucho ponerle nombre a la cuerda y contar la historia entera antes de empezar.