Hablemos respirando
Descripción
Sentados en corro, se coge aire subiendo los brazos y se suelta despacio diciendo una palabra estirada, de forma que la palabra se acabe justo cuando se acaba el aire. Una palabra corta para los pequeños y una más larga para los mayores.
Objetivo
Notar la diferencia entre coger aire y soltarlo, y aprender a soltarlo despacio en vez de de golpe.
Instrucciones
Variantes
Más difícil — La palabra larga: Se usan palabras de tres o cuatro sílabas —«mariposa», «chocolate»— y hay que llegar al final sin cortar. Obliga a dosificar el aire en vez de soltarlo entero al principio. Otra organización — Por parejas de espaldas: Sentados por parejas, uno justo detrás del otro: el de atrás apoya las manos en la espalda del de delante y nota cómo se hincha y se vacía al respirar, y luego cambian. La respiración deja de ser solo propia y se puede notar en otro, y nadie sopla hacia la cara de nadie. Más fácil — Solo el aire: Sin palabra. Se coge aire subiendo los brazos y se suelta soplando flojito, con el sonido de un globo que se desinfla. Es la entrada para los de 3 años y para el día en que el grupo llega muy revuelto.
Consejos para el Profesor
Este juego se cae si el docente lo dirige de pie y desde fuera: siéntate en el corro y respira tú, porque a los 3 años la respiración se copia, no se explica. La palabra estirada es un truco bueno de verdad, porque convierte algo invisible —el aire que sale— en algo que se oye y se puede alargar a propósito. No lo alargues más de cinco o seis rondas; pasadas esas, empiezan a hiperventilar por hacerlo con ganas. Y ponlo al final de la sesión, nunca antes de una parte activa.
Adaptaciones NEE
Movilidad reducida: se hace igual desde una silla o desde donde el alumno esté cómodo; el gesto de los brazos se adapta a su recorrido —hasta donde llegue— y el contenido, que es la espiración larga y sonora, no cambia en nada. Visual: el docente se sienta a su lado y le deja apoyar una mano en su propia caja torácica para notar cómo se hincha y se vacía, y todas las rondas se anuncian en voz alta antes de empezar. Auditiva: el ejercicio se aprende viendo el gesto de los brazos, que marca perfectamente el ritmo; el alumno se coloca frente al docente y puede apoyar la mano en su propia garganta o en su tripa para notar la vibración de la palabra que él mismo dice. Cognitiva: se empieza por la variante «Solo el aire», sin palabra, y se mantiene la misma palabra corta durante varias sesiones antes de cambiarla.