Postura sentada correcta en silla – 90 grados
Descripción
Un ejercicio corto para aprender a sentarse bien. Primero cada uno se sienta un momento sobre sus manos para notar los dos huesos en los que se apoya. Luego coloca la espalda, los hombros y los pies, aguanta unos segundos y se relaja.
Objetivo
Mejorar hábitos de sedestación para el aula y casa.
Cómo se juega5
Cada uno en una silla de su tamaño, con las cuatro patas en el suelo.
Para notar dónde se apoya, se sienta un momento encima de sus manos. El maestro pregunta: «¿Notas dos huesos? Ahí va el peso».
Espalda recta pero sin ponerse tieso, y hombros relajados.
Pies planos en el suelo y rodillas en ángulo recto, como una L. A quien no llegue se le pone un banco o unos libros debajo.
Se aguanta unos segundos, se relaja y se repite dos o tres veces.
Variantes2
Una pelota pequeña entre la espalda y el respaldo: si se cae, se ha perdido la postura.
El compañero mira de lado y dice si la espalda y las rodillas están bien.
Qué se trabaja
Seguridad2
Nadie se balancea sobre las patas de atrás de la silla.
Antes de sentarse se comprueba que la silla no cojea.
Consejos para el profesor2
Un banco o un libro bajo los pies de los más bajos: ahí la postura se coloca sola.
Que noten los isquiones contra la silla: sentarse sobre ellos y no sobre el sacro es la clave.
Adaptaciones NEE4
Visual
Se le guían caderas, rodillas y tobillos hasta el ángulo, avisando antes, y se le describe qué debe notar.
Auditiva
Un compañero se sienta enfrente de modelo y las correcciones se hacen señalando la articulación.
Movilidad reducida
Se ajustan reposapiés y cojín hasta lograr los noventa grados en su propia silla, y ese ajuste se anota.
Cognitiva o de atención
Tres comprobaciones fijas y siempre en el mismo orden: pies planos, rodillas en escuadra, espalda apoyada.
Errores frecuentes
- Repartir sillas de adulto a alumnos pequeños: los pies quedan colgando y los noventa grados son imposibles.
- Confundir espalda recta con espalda rígida: se sientan tensos y no aguantan ni un minuto.
- Corregir hombros y cabeza sin mirar el apoyo de los pies, que es lo que sostiene todo.