Respira y derrite
Descripción
El grupo se reparte por el espacio, con dos metros cada uno, y camina muy despacio, sin hablar y bajando el ritmo poco a poco. Cuando el maestro dice una zona, todos se paran, la sueltan cinco segundos sin contener el aire y siguen caminando. Por orden: cara, hombros, brazos, manos y, al final, todo el cuerpo, que baja hasta quedar agachado o sentado treinta segundos en silencio.
Objetivo
Alternar desplazamiento suave y relajación de zonas concretas del cuerpo, bajando la activación de forma progresiva.
Cómo se juega7
Colocación
Toda la clase repartida por el espacio, cada uno con dos metros alrededor. No en filas ni en círculo: repartidos, para que nadie tenga a nadie enfrente mirándole.
El desplazamiento
Se camina muy despacio, sin rumbo, sin cruzarse y sin hablar. Cada vuelta que da el maestro por el espacio, se camina un poco más lento que antes. Eso es lo que hace que la vuelta a la calma sea progresiva y no un corte seco.
La consigna de derretir
El maestro dice una zona en alto y todos se paran y la dejan caer, como si se derritiera, durante cinco segundos; después se sigue caminando. Las zonas van en este orden, de arriba abajo: la cara (se aflojan la mandíbula y la frente), los hombros (se dejan caer; la mayoría descubre aquí que los llevaba subidos), los brazos (colgando, pesados), las manos (abiertas y flojas) y todo el cuerpo (bajando despacio hasta agacharse, sin llegar al suelo de golpe).
La regla que sostiene la actividad
No se deja de respirar. Derretir no es quedarse rígido conteniendo el aire; es soltar. Se dice una vez y se recuerda si se ve a alguien tenso.
El ritmo del maestro
La voz baja de volumen a medida que avanza la actividad. Es el recurso más eficaz de una vuelta a la calma y no cuesta nada: si el maestro habla igual de alto al final que al principio, la clase no baja.
El final
La última consigna es todo el cuerpo, bajando hasta quedar agachados o sentados. Se aguanta treinta segundos así, en silencio.
La incorporación, que también forma parte
Nadie se levanta de golpe. Se ponen de pie despacio, se estiran los brazos hacia arriba una vez y se sale de la sesión andando, no corriendo.
Variantes3
Tres zonas en lugar de cinco: hombros, brazos y todo el cuerpo, con el maestro haciéndolo a la vez que lo dice.
Se hace en parejas: uno camina con los ojos cerrados y el otro le guía por el hombro, y cambian en cada consigna. Añade confianza y exige mucho silencio.
Tumbados en colchonetas desde el principio, sin desplazamiento, con las mismas cinco zonas. Sirve para cerrar una sesión muy intensa, pero se pierde la bajada progresiva del caminar.
Seguridad3
Al derretir el cuerpo entero se baja doblando las rodillas hasta quedar agachado; nadie se desploma hacia atrás ni se deja caer sentado.
Derretirse es soltar el aire, no aguantarlo: al que se queda rígido conteniendo la respiración se le avisa en voz baja y sigue.
Los treinta segundos finales se pasan agachados o sentados; si el suelo está frío o mojado, esa última consigna se hace de pie con los brazos colgando.
Consejos para el profesor4
El recurso más eficaz de esta ficha no cuesta nada: que el maestro vaya bajando el volumen de su voz.
Si se dice la última consigna igual de alto que la primera, la clase no baja, por muy lenta que sea la música.
La zona de la cara conviene ponerla la primera aunque parezca rara: casi ningún niño ha aflojado nunca la mandíbula a propósito, y el efecto es inmediato y sorprendente.
Y la incorporación final forma parte de la actividad: si se termina y salen corriendo al vestuario, se pierde en diez segundos todo lo que se había bajado en diez minutos.
Adaptaciones NEE4
Visual
Se camina siguiendo una referencia continua o con un compañero de codo acordado; cada zona se nombra dos veces y se describe qué hacer con ella, y el aviso de parada se da también con la voz baja del maestro acercándose.
Auditiva
Las cinco zonas se acompañan de un gesto del maestro sobre su propia zona, bien visible, y el aviso de parada se da con la mano en alto; el maestro se mueve por el espacio para estar a la vista de todos.
Movilidad reducida
El desplazamiento se hace con el apoyo que se use y a la velocidad que resulte cómoda, y las cinco zonas se «derriten» con los segmentos disponibles: cara, hombros, brazos y manos funcionan tal cual, y la última consigna de todo el cuerpo se hace bajando el tronco en lugar de agachándose.
Cognitiva o de atención
Tres zonas en lugar de cinco y con el maestro haciéndolas a la vez que las dice; se le avisa un momento antes de la última consigna, que es la que baja hasta agacharse.
Errores frecuentes
- Mantener el mismo volumen de voz de principio a fin. La clase no baja por mucho que la música sea lenta.
- Permitir que se dejen caer al suelo. Es el único gesto con el que se hacen daño aquí, y además no es lo que se pide.
- Saltarse la incorporación final. Salen corriendo y se pierde en diez segundos lo que costó diez minutos.
- Colocarlos en círculo o en filas. Se miran entre ellos, se ríen y no baja nadie.
Observaciones
Montaje (3 minutos): 1. Se delimita el espacio con conos y se comprueba que está libre de obstáculos: aquí se camina con la atención hacia dentro y no hacia el suelo, así que un banco olvidado en medio es un tropiezo seguro. 2. Se reparte a la clase por el espacio, cada uno con dos metros alrededor. Repartidos, no en filas ni en círculo: en círculo se miran entre ellos, se ríen y no baja nadie. 3. Música lenta a volumen bajo, opcional. 4. No hace falta más material. 5. Lo que hay que preparar es la propia voz del maestro, que baja de volumen a medida que avanza la actividad. Es el recurso más eficaz de una vuelta a la calma, no cuesta nada, y si se dice la última consigna igual de alto que la primera, la clase no baja. 6. Si se va a terminar sentados o tumbados, se comprueba que el suelo esté limpio y no frío.